Duddingston Loch: espadas, patines y garzas

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Entre los juncos se abre un lago ancho y tranquilo, con garzas inmóviles en la orilla y, al fondo, la torre cuadrada de una iglesia sobre un montículo. Es Duddingston Loch, el único lago natural de todo el parque: los demás los hizo el hombre, este lo hizo la naturaleza.

Key Facts

PlaceDuddingston Loch: espadas, patines y garzas
AddressDuddingston Low Road, Edinburgh EH15 3PX, UK
Geo Coordinates55.94060, -3.15450
Part of WalkUn volcán en la ciudad: Arthur's Seat y Holyrood Park, Edimburgo
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Entre los juncos se abre un lago ancho y tranquilo, con garzas inmóviles en la orilla y, al fondo, la torre cuadrada de una iglesia sobre un montículo. Es Duddingston Loch, el único lago natural de todo el parque: los demás los hizo el hombre, este lo hizo la naturaleza.

En 1778, unos trabajadores que dragaban el fondo sacaron del barro algo inesperado: un montón de armas de bronce, espadas y puntas de lanza, de unos tres mil años de antigüedad. Muchos arqueólogos creen que no se perdieron por accidente, sino que fueron arrojadas al agua a propósito, como ofrendas. Imagina la escena hace treinta siglos: alguien de pie en esta misma orilla, lanzando al agua una espada que valía una fortuna, en un rito del que no sabemos casi nada. Parte de aquel tesoro se conserva hoy en el Museo Nacional de Escocia.

Y en invierno, cuando el lago se helaba, Duddingston se convertía en la pista de Edimburgo. Aquí se patinaba y aquí se jugaba al curling, ese deporte de piedras pulidas y escobas que ves en los Juegos de Invierno. La Duddingston Curling Society se fundó en 1795, y sus reglas escritas, de 1804, figuran entre las más antiguas de ese deporte. Escocia exportó el curling al mundo, y una de sus primeras pizarras de reglas salió de esta orilla.

¿Te acuerdas del cuadro del Parlamento? Aquí está su escenario. El reverendo Robert Walker, pastor del Canongate, aparece patinando sobre este lago, con su sombrero negro y los brazos cruzados, en una de las pinturas más queridas de Escocia, atribuida a Henry Raeburn. Hoy el lago casi nunca hiela lo bastante como para pisarlo, así que ese señor patinando es también una postal del clima de otra época.

Desde la década de 1920 el lago es reserva de aves: garzas, somormujos y bandadas de patos que llegan en invierno. Habla bajito y quizá veas alguna. Ahora sigue la carretera hacia el este, a lo largo de la orilla, hasta la iglesia del montículo y el pueblo de Duddingston.

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