Our Dynamic Earth y James Hutton

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Esa carpa blanca de picos tensos, como un campamento de nómadas posado a los pies de los riscos, es Our Dynamic Earth, un museo de ciencia abierto en 1999 para contar la historia del planeta. Pero el verdadero protagonista de este rincón no está dentro del museo: vivió justo al lado.

Key Facts

PlaceOur Dynamic Earth y James Hutton
Address112-116 Holyrood Road, Edinburgh EH8 8AS, UK
Geo Coordinates55.95050, -3.17440
Part of WalkUn volcán en la ciudad: Arthur's Seat y Holyrood Park, Edimburgo
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Esa carpa blanca de picos tensos, como un campamento de nómadas posado a los pies de los riscos, es Our Dynamic Earth, un museo de ciencia abierto en 1999 para contar la historia del planeta. Pero el verdadero protagonista de este rincón no está dentro del museo: vivió justo al lado.

Se llamaba James Hutton y nació en Edimburgo en 1726. Estudió medicina en París y en Leiden, pero casi nunca ejerció. Fue granjero en el sur de Escocia y ganó dinero con un negocio bastante poco romántico: fabricar sal amoníaco a partir de hollín. Con eso se pudo permitir lo que de verdad le gustaba: mirar piedras. Su casa estaba en St John's Hill, a pocos pasos de aquí, y hoy un pequeño jardín con rocas recuerda su nombre.

En su época, mucha gente culta daba por buena una cuenta sacada de la Biblia: la Tierra tendría unos seis mil años. Hutton miró los ríos que arrastran arena al mar, la arena que se endurece en el fondo y las montañas que vuelven a levantarse, y llegó a una conclusión vertiginosa: ese ciclo era tan lento que la historia de la Tierra no cabía en seis mil años, ni en seis millones. Lo presentó en 1785 ante la Royal Society of Edinburgh. Hoy lo llamamos tiempo profundo, y es la base de toda la geología moderna... y también de la idea de evolución que llegaría después.

Hutton formaba parte del corazón de la Ilustración escocesa. Con el químico Joseph Black y el economista Adam Smith fundó un club de cenas, el Oyster Club. Cuando Smith murió en 1790, Black y Hutton fueron sus albaceas y, cumpliendo su voluntad, quemaron casi todos sus manuscritos inéditos. Piénsalo... el hombre que descubrió la memoria del planeta ayudó a borrar la de su amigo.

A Hutton no le hacía falta viajar lejos: su laboratorio era el acantilado que ves detrás de la carpa. Sal por Queen's Drive, la carretera del parque, y camina hacia el sureste, hasta el pie de esa gran pared de roca rojiza.

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