Teatro de la Maestranza: la ciudad de las óperas
Why is it significant?
Delante tienes un tambor enorme de ladrillo, moderno, y pegada a él una fachada del siglo XIX que parece de otro edificio. Lo es.
Key Facts
| Place | Teatro de la Maestranza: la ciudad de las óperas |
|---|---|
| Address | Paseo de Cristóbal Colón 22, 41001 Sevilla, Spain |
| Geo Coordinates | 37.38410, -5.99670 |
| Part of Walk | Sevilla, Puerto de Indias: el Arenal, la Maestranza y la Torre del Oro |
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Delante tienes un tambor enorme de ladrillo, moderno, y pegada a él una fachada del siglo XIX que parece de otro edificio. Lo es. El Teatro de la Maestranza se inauguró en 1991, a tiempo para la Expo del 92, y sus arquitectos decidieron conservar la vieja fachada de la Maestranza de Artillería, el taller militar que ocupaba este solar.
¿Y por qué Sevilla necesitaba un teatro de ópera? Porque pocas ciudades del mundo han sido escenario de tantas óperas sin haber estrenado casi ninguna. Aquí transcurren Don Giovanni y Las bodas de Fígaro, de Mozart; El barbero de Sevilla, de Rossini; Fidelio, la única ópera de Beethoven; y, claro, Carmen. Compositores que jamás pisaron Sevilla la eligieron como decorado, porque en la imaginación europea esta ciudad era sinónimo de pasión, celos y balcones.
A mí me hace gracia pensar en Beethoven, en Viena, imaginando una cárcel sevillana sin haber visto nunca el Guadalquivir. Sevilla, durante siglos, fue más un sueño de los demás que una ciudad que se contaba a sí misma.
Y el sueño más famoso nació de una obra de teatro española: El burlador de Sevilla, atribuida a Tirso de Molina, de hacia 1630, donde aparece por primera vez Don Juan. De ese seductor sevillano sin escrúpulos saldrán el Don Giovanni de Mozart y, mucho después, el Don Juan Tenorio de Zorrilla. Quédate con ese nombre, porque a la vuelta de la esquina vas a encontrar a un sevillano de carne y hueso al que la leyenda confundió con él.
Hoy el Maestranza programa ópera, conciertos y flamenco, y es la casa de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. En las noches de estreno, el Paseo de Colón se llena de gente arreglada, y en el descanso alguno se escapa a mirar el río. A pocos pasos, en la calle Almirantazgo, queda el Postigo del Aceite, una de las puertas de la muralla que aún guarda las ranuras de sus compuertas contra las riadas. Nosotros rodeamos el teatro por la calle Temprado, junto a unas naves de ladrillo muy antiguas, hasta una puerta blanca con azulejos: el hospital del hombre que decía ser el peor del mundo.