Postigo del Aceite: la puerta del oro líquido
Why is it significant?
Ponte frente al arco del Postigo del Aceite y mira los lienzos de muralla que lo abrazan: este es uno de los pocos accesos que se conservan de la cerca que rodeaba Sevilla. Por aquí no entraban reyes ni procesiones: por aquí entraba la comida. El nombre lo dice todo.
Key Facts
| Place | Postigo del Aceite: la puerta del oro líquido |
|---|---|
| Address | Calle Almirantazgo, 41001 Sevilla, Spain |
| Geo Coordinates | 37.38530, -5.99500 |
| Part of Walk | Sevilla se come: mercados, tornos de convento y tabernas centenarias |
| Generated | Generated |
Ponte frente al arco del Postigo del Aceite y mira los lienzos de muralla que lo abrazan: este es uno de los pocos accesos que se conservan de la cerca que rodeaba Sevilla. Por aquí no entraban reyes ni procesiones: por aquí entraba la comida.
El nombre lo dice todo. Por este postigo pasaba el aceite que llegaba al puerto del Arenal y el de los olivares del Aljarafe, la comarca de colinas al oeste del río, que durante siglos fue uno de los grandes olivares de Andalucía. La puerta actual es fruto de una reforma de 1573, obra del arquitecto Benvenuto Tortello, en plena época dorada de la ciudad.
Y es que aquel aceite no era solo para freír pescado. Desde 1503, con la Casa de Contratación, Sevilla controló el comercio con América, y de este puerto salían barcos cargados de aceite, vino y vinagre en botijas de barro rumbo a las Indias, donde los colonos no querían renunciar a su dieta. De vuelta llegaba la plata. Pero el puerto tuvo también su cara más oscura: Sevilla fue en esos siglos uno de los grandes mercados de personas esclavizadas de Europa, y esa historia forma parte de la riqueza que ves en sus palacios.
Muy cerca se levantan las Reales Atarazanas, los astilleros que mandó construir Alfonso X a partir de 1252, con sus enormes naves de ladrillo. Imagina toda esta zona como un hormiguero: barcos, mulas, toneles, botijas, aduaneros, marineros y pícaros. Aquel Arenal bullicioso es el que retrató Cervantes, y el que llenó de vida las novelas picarescas.
Hoy el Postigo es un rincón tranquilo, con su pequeña capilla y los coches pasando a su lado. Pero cuando pongas aceite de oliva en una tostada sevillana, acuérdate de este arco. Ahora cruza el Postigo y sube por la calle Almirantazgo hasta la calle García de Vinuesa: la última parada es una taberna llena de tinajas.