Puerta Real: la puerta de los reyes y la casa de Hernando Colón
Why is it significant?
Busca en la esquina de la calle Goles con San Laureano un trozo de muro encalado y una lápida. Eso es todo lo que queda de la Puerta Real, una de las entradas de la muralla de Sevilla.
Key Facts
| Place | Puerta Real: la puerta de los reyes y la casa de Hernando Colón |
|---|---|
| Address | Calle San Laureano, 41002 Sevilla, Spain |
| Geo Coordinates | 37.39320, -6.00350 |
| Part of Walk | Sevilla, Puerto de Indias: el Arenal, la Maestranza y la Torre del Oro |
| Generated | Generated |
Busca en la esquina de la calle Goles con San Laureano un trozo de muro encalado y una lápida. Eso es todo lo que queda de la Puerta Real, una de las entradas de la muralla de Sevilla. Parece poca cosa para empezar un paseo, pero por aquí entraban los reyes, y a un paso de aquí vivió el hijo de Colón.
Durante siglos se llamó Puerta de Goles, un nombre que algunos eruditos quisieron relacionar con Hércules, el héroe al que la leyenda atribuía la fundación de la ciudad. En 1570 entró por ella Felipe II, y Sevilla, que ya era la ciudad más rica de sus reinos, lo recibió con arcos triunfales, músicas y fachadas engalanadas. Desde entonces se llamó Puerta Real. En 1864, cuando la ciudad derribó casi todas sus murallas para respirar y crecer, cayó también ella.
Ahora la historia que más me gusta. Aquí al lado, fuera de las murallas y mirando al río, se construyó su casa Hernando Colón, el hijo del almirante. Hernando había viajado con su padre a América siendo un adolescente, pero su verdadera aventura fueron los libros. Recorrió media Europa comprándolos y reunió alrededor de quince mil, una de las mayores bibliotecas de su tiempo. Y tenía una manía maravillosa: en cada libro apuntaba dónde lo había comprado, en qué fecha y cuánto le había costado.
Hernando murió en 1539, y su biblioteca pasó al cabildo de la Catedral, donde sobrevive como la Biblioteca Colombina. Por desgracia, buena parte se perdió con los siglos, por descuido, por humedad y por robos. Lo que queda, sin embargo, sigue siendo un tesoro para entender cómo pensaba la Europa que acababa de descubrir que el mundo era más grande de lo que creía.
Fíjate en que todo empezó en este borde, entre la muralla y el río: reyes que entran, libros que llegan, barcos que salen. El Arenal era eso, la franja de arena de fuera de la ciudad donde todo se cargaba y se descargaba. Baja ahora hacia el sur, hacia la Plaza de Armas, y busca un edificio de ladrillo y cerámica con una gran marquesina de hierro: la estación de trenes que llegó cuando el puerto ya no era lo que había sido.