Calle Alfarería: Santa Justa, Santa Rufina y el barro de Triana
Why is it significant?
Camina despacio por la calle Alfarería y fíjate en las fachadas: placas de azulejo, zócalos pintados, algún rótulo antiguo de fábrica de loza. Esta calle se llama así porque durante siglos fue eso, una calle de alfares, de hornos humeando y de hombres con las manos rojas de barro.
Key Facts
| Place | Calle Alfarería: Santa Justa, Santa Rufina y el barro de Triana |
|---|---|
| Address | Calle Alfarería, 41010 Sevilla, Spain |
| Geo Coordinates | 37.38770, -6.00730 |
| Part of Walk | Triana, la otra orilla de Sevilla: flamenco, cerámica y cofradías |
| Generated | Generated |
Camina despacio por la calle Alfarería y fíjate en las fachadas: placas de azulejo, zócalos pintados, algún rótulo antiguo de fábrica de loza. Esta calle se llama así porque durante siglos fue eso, una calle de alfares, de hornos humeando y de hombres con las manos rojas de barro.
El barro venía del propio río. Las orillas del Guadalquivir dan una arcilla fina y fácil de trabajar, y ya en época romana se fabricaban por esta zona ánforas para el aceite de la Bética. Ese aceite viajaba hasta Roma, y allí las ánforas vacías se rompían y se amontonaban... hasta formar una colina entera, el monte Testaccio, que sigue en pie. Así que, en cierto modo, un trozo de Roma está hecho con trabajo sevillano.
Y de este mundo de alfareros salen las patronas de Sevilla. Cuenta la tradición que Justa y Rufina eran dos hermanas cristianas de Triana que vendían cacharros de barro a finales del siglo III. Cuando unas mujeres paganas les pidieron vasijas para una procesión en honor de una diosa, se negaron, rompieron la imagen y acabaron martirizadas, hacia el año 287. Por eso en los cuadros de Murillo o de Goya las verás siempre con platos y botijos en la mano.
La leyenda tiene una segunda parte que a los sevillanos les encanta: dicen que, en un terremoto, las dos santas sostuvieron la Giralda para que no se cayera. Por eso muchas veces las pintan abrazando la torre, como dos guardianas un poco desproporcionadas.
En el siglo XIX la cerámica trianera vivió una edad de oro, con fábricas que exportaban azulejos a medio mundo. Muchas cerraron en el siglo XX, cuando la industria salió del barrio, y hoy quedan talleres más pequeños que siguen pintando a mano. Baja ahora hacia el sur, hacia la calle Antillano Campos, donde una de aquellas grandes fábricas ha conservado sus hornos intactos.