Iglesia de la Magdalena: el antiguo convento de San Pablo
Why is it significant?
Párate en la calle San Pablo y deja que la mirada se te vaya hacia arriba, hasta esa cúpula vidriada que brilla sobre los tejados como un dulce recién glaseado. Estás ante la iglesia de la Magdalena... aunque durante más de cinco siglos este templo no se llamó así.
Key Facts
| Place | Iglesia de la Magdalena: el antiguo convento de San Pablo |
|---|---|
| Address | Calle San Pablo 10, 41001 Sevilla, Spain |
| Geo Coordinates | 37.39060, -5.99840 |
| Audio Duration | ~3 min |
| Part of Walk | Sevilla de piedra, ladrillo y madera: de la Magdalena a las Setas y la Casa de Pilatos |
| Generated | Generated |
Párate en la calle San Pablo y deja que la mirada se te vaya hacia arriba, hasta esa cúpula vidriada que brilla sobre los tejados como un dulce recién glaseado. Estás ante la iglesia de la Magdalena... aunque durante más de cinco siglos este templo no se llamó así. Era la iglesia del gran convento dominico de San Pablo, fundado poco después de que Fernando III entrara en Sevilla en 1248. El nombre lo heredó, como tantas cosas en esta ciudad, por culpa de los franceses. Durante la ocupación napoleónica, entre 1810 y 1812, se derribó la vieja parroquia de la Magdalena, que estaba a pocas calles de aquí, y la feligresía se mudó al templo de los frailes. Con la mudanza llegó también la pila bautismal en la que, según la tradición, recibió el agua en 1618 un niño llamado Bartolomé Esteban Murillo. Así que el pintor más dulce de Sevilla tiene su pila en una iglesia que él conoció con otro nombre. Lo que ves es obra de Leonardo de Figueroa, el arquitecto que le puso a la Sevilla barroca su color de ladrillo y almagra. La iglesia medieval estaba tan maltrecha a finales del siglo diecisiete que hubo que levantarla casi de nuevo, y Figueroa la terminó en 1709. Si entras, busca la cúpula pintada por Lucas Valdés, hijo de Valdés Leal, y una capilla mudéjar con sus bóvedas de ladrillo, superviviente del convento antiguo. Pero este edificio también guarda una memoria oscura. En 1480 llegaron a este convento dos frailes dominicos con el nombramiento de los Reyes Católicos: eran los primeros inquisidores de Castilla. Desde aquí empezaron a perseguir a los conversos sevillanos, y en febrero de 1481 se celebró el primer auto de fe, en el que seis personas murieron en la hoguera. Poco después, el tribunal se instaló en el castillo de San Jorge, al otro lado del río. Y aquí viene la paradoja que tanto le gusta a Sevilla: en esta misma casa fue consagrado obispo, en 1544, fray Bartolomé de las Casas, el dominico que dedicó su vida a denunciar los abusos contra los pueblos indígenas de América. Sal ahora por la calle Méndez Núñez, hacia el este... en pocos minutos se te abrirá una plaza enorme con un rey a caballo en el centro.