Plaza de Toros de la Real Maestranza y el Baratillo

Why is it significant?

Ponte frente a la fachada blanca con molduras color albero y busca la puerta grande de hierro sobre el Paseo de Colón. Esa es la Puerta del Príncipe, y para un torero salir por ella a hombros es lo más parecido a entrar en el cielo sin morirse. Hay figuras que se han retirado sin conseguirlo nunca.

Key Facts

PlacePlaza de Toros de la Real Maestranza y el Baratillo
AddressPaseo de Cristóbal Colón 12, 41001 Sevilla, Spain
Geo Coordinates37.38600, -5.99840
Part of WalkSevilla, Puerto de Indias: el Arenal, la Maestranza y la Torre del Oro
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Ponte frente a la fachada blanca con molduras color albero y busca la puerta grande de hierro sobre el Paseo de Colón. Esa es la Puerta del Príncipe, y para un torero salir por ella a hombros es lo más parecido a entrar en el cielo sin morirse. Hay figuras que se han retirado sin conseguirlo nunca.

La plaza pertenece a la Real Maestranza de Caballería, una corporación de nobles fundada en 1670 para entrenarse a caballo. Las obras empezaron a mediados del siglo XVIII y fueron tan lentas que el anillo no se cerró del todo hasta 1881. Por eso, si entras, notarás algo raro: el ruedo no es redondo. Es ligeramente ovalado, porque hubo que encajarlo en un solar que ya tenía calles y casas alrededor.

La arena de dentro tiene nombre propio, albero, una tierra amarilla que se trae de Alcalá de Guadaíra, y ese amarillo ha acabado siendo el color de Sevilla: lo verás en las fachadas, en el suelo de la Feria, en los paseos del parque. Y aquí, en la explanada de enfrente, se muere Carmen. En la ópera de Bizet, Don José la mata a la puerta de la plaza mientras dentro el público aclama a Escamillo. La Sevilla de ópera tiene más sangre que la de verdad, que ya es decir.

Rodea un momento la plaza por la calle Adriano. Pegada a sus muros está la capilla de la Hermandad del Baratillo, que sale en procesión cada Miércoles Santo. El nombre viene del baratillo, el mercadillo de trastos viejos que se montaba en este arenal, territorio de pícaros. Cervantes, que conocía bien Sevilla porque pasó años aquí como recaudador y hasta estuvo preso en su cárcel, puso a sus Rinconete y Cortadillo a buscarse la vida como esportilleros en estas calles.

Así que en cien metros tienes la nobleza a caballo, la devoción de barrio y la picaresca, todo junto, como siempre en Sevilla. Sigue ahora por el Paseo de Colón, río abajo, hasta un edificio cilíndrico de ladrillo con una fachada antigua delante: el teatro donde Sevilla canta las óperas que le escribieron otros.

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