Muelle de la Sal y el Monumento a la Tolerancia
Why is it significant?
Asómate a la baranda y mira el agua, ancha, quieta, color de café con leche. A tu espalda, una mole de hormigón que parece un abrazo que no termina de cerrarse. Y enfrente, al otro lado del agua, Triana, con el mercado donde estuvo el castillo de San Jorge.
Key Facts
| Place | Muelle de la Sal y el Monumento a la Tolerancia |
|---|---|
| Address | Muelle de la Sal, Paseo de Cristóbal Colón, 41001 Sevilla, Spain |
| Geo Coordinates | 37.38620, -6.00090 |
| Part of Walk | Sevilla, Puerto de Indias: el Arenal, la Maestranza y la Torre del Oro |
| Generated | Generated |
Asómate a la baranda y mira el agua, ancha, quieta, color de café con leche. A tu espalda, una mole de hormigón que parece un abrazo que no termina de cerrarse. Y enfrente, al otro lado del agua, Triana, con el mercado donde estuvo el castillo de San Jorge.
Esa escultura es el Monumento a la Tolerancia, de Eduardo Chillida, el gran escultor vasco. Se levantó en 1992, el año de la Expo, cuando Sevilla celebraba los quinientos años del viaje de Colón. Pero 1492 fue también el año del decreto que expulsó a los judíos de los reinos de Castilla y Aragón. Y fíjate en lo que tiene enfrente: el lugar del castillo donde la Inquisición tuvo su sede y su cárcel durante siglos. Es difícil mirarla sin pensar en las dos cosas a la vez.
Sevilla había sufrido antes otra herida. En junio de 1391, las predicaciones del arcediano Ferrán Martínez desataron aquí un asalto a la judería que se extendió por media península. Muchos murieron y muchos se convirtieron a la fuerza. De esos conversos y de sus nietos se ocupó, noventa años después, la Inquisición, que llegó a Sevilla en 1480 y se instaló primero en el convento de San Pablo. El 6 de febrero de 1481 se celebró el primer auto de fe, y seis personas murieron en la hoguera. Poco después el tribunal cruzó el río y se encerró en ese castillo de enfrente.
Y ahora mira el río con otros ojos. Todo este borde, desde aquí hasta la Torre del Oro, era el puerto de Sevilla. Durante casi dos siglos, por ley, las flotas de Indias tenían que salir de aquí y volver aquí. Barcos amarrados de dos en dos, toneles, fardos, mulas, marineros de medio mundo, y el Arenal, este barrio que estaba fuera de las murallas, convertido en un hormiguero. El nombre del muelle lo recuerda: la sal llegaba por el río, y sin ella no había forma de conservar el pescado y la carne de unos viajes que duraban meses.
A mí me gusta pensar que el río es la calle más larga de la ciudad, la que a Sevilla la hizo rica y luego la dejó a medias, cuando los barcos crecieron y el Guadalquivir se les quedó pequeño. De eso hablaremos al final. Ahora date la vuelta, cruza el Paseo de Cristóbal Colón y busca una fachada blanca y albero: la plaza de toros más bonita del mundo, y no lo digo yo solo.