Puente de Isabel II: el Puente de Triana

Why is it significant?

Ponte en mitad del puente, apóyate en la baranda y mira hacia abajo: el Guadalquivir pasa lento y verdoso, y en el agua se reflejan unos aros de hierro que parecen anillos de boda. A tu espalda queda Sevilla; delante tienes Triana.

Key Facts

PlacePuente de Isabel II: el Puente de Triana
AddressPuente de Isabel II, 41010 Sevilla, Spain
Geo Coordinates37.38640, -6.00120
Part of WalkTriana, la otra orilla de Sevilla: flamenco, cerámica y cofradías
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Ponte en mitad del puente, apóyate en la baranda y mira hacia abajo: el Guadalquivir pasa lento y verdoso, y en el agua se reflejan unos aros de hierro que parecen anillos de boda. A tu espalda queda Sevilla; delante tienes Triana. Y entre las dos, este puente que lleva el nombre de una reina, Isabel II, aunque aquí nadie lo llame así. Para todo el mundo es el Puente de Triana, y punto.

Durante casi siete siglos no hubo aquí ni piedra ni hierro, sino un puente de barcas: una hilera de embarcaciones amarradas con cadenas y tablones por encima. Lo tendieron los almohades en 1171 y, con mil remiendos, aguantó hasta mediados del siglo XIX. Cada riada lo rompía, cada barco que quería subir río arriba obligaba a abrirlo, y cuando el río se ponía bravo Triana se quedaba sola en su orilla. Imagínate cruzar de noche, con el suelo moviéndose bajo los pies y el agua sonando debajo.

En 1852 se inauguró este, obra de dos ingenieros franceses, Gustave Steinacher y Ferdinand Bernadet, que se inspiraron en un puente de París, el del Carrusel, sobre el Sena. Lo gracioso es que el de París se desmontó hace muchísimo... y el de Sevilla sigue aquí, presumiendo de ser el puente de hierro más antiguo que se conserva en España. Esos aros entre los arcos no están de adorno: forman parte del sistema que reparte el peso, inventado por un ingeniero francés llamado Polonceau.

Pero para un trianero esto no es ingeniería, es una frontera sentimental. Por aquí cruzan cada Semana Santa las cofradías del barrio camino de la Catedral, y por aquí vuelven, con la gente cantándoles saetas desde la orilla. Y por aquí cruzaban en el siglo XIX los cantaores y las bailaoras que iban a ganarse el jornal a los cafés cantantes del centro. Triana ponía el cante... y Sevilla ponía el escenario y la taquilla.

Los viejos del barrio todavía dicen que no van a Sevilla, sino que cruzan el puente, como quien sale de su país. Hay quien llama a Triana república independiente, medio en broma y medio en serio. Sigue hasta el final del puente, donde una capillita con forma de mechero te da la bienvenida a la otra orilla.

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