Castillo de San Jorge y Callejón de la Inquisición

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Métete en el callejón estrecho que une la orilla del río con la calle Castilla, entre paredes encaladas, y fíjate en el azulejo con su nombre: Callejón de la Inquisición.

Key Facts

PlaceCastillo de San Jorge y Callejón de la Inquisición
AddressCallejón de la Inquisición, 41010 Sevilla, Spain
Geo Coordinates37.38640, -6.00390
Part of WalkTriana, la otra orilla de Sevilla: flamenco, cerámica y cofradías
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Métete en el callejón estrecho que une la orilla del río con la calle Castilla, entre paredes encaladas, y fíjate en el azulejo con su nombre: Callejón de la Inquisición. A tu espalda, bajo el suelo del Mercado de Triana, entre los puestos de pescado, aceitunas y especias, duermen los cimientos de un castillo que durante tres siglos fue la palabra más temida de Sevilla.

Era el Castillo de San Jorge, una fortaleza de origen almohade que guardaba la cabeza del puente de barcas. En 1481 se instaló en él el tribunal de la Inquisición, recién creado por los Reyes Católicos, y ese mismo año, en febrero, se celebró en Sevilla el primer auto de fe: seis personas quemadas vivas. Casi todos los perseguidos de aquellos primeros años eran conversos, judíos bautizados o hijos de bautizados, acusados de seguir practicando su fe en secreto.

Imagina lo que significaba que te llamaran a declarar. No sabías quién te había denunciado, ni de qué exactamente. Tus bienes quedaban embargados. Las celdas estaban a la orilla del río, y se dice que cuando venía una riada el agua entraba en los calabozos. Cuenta la tradición que por este mismo callejón pasaban los presos, de modo que el barrio entero los veía.

El tribunal se quedó en el castillo hasta finales del siglo XVIII, cuando las crecidas lo dejaron tan dañado que tuvo que mudarse. La Inquisición no se abolió definitivamente hasta 1834. Después, el castillo se derribó y sobre su solar se instaló el mercado de abastos, como si el barrio hubiera querido tapar aquella memoria con lo más vivo que tenía: comida, gritos y regateo.

Hoy, bajo el mercado, puedes visitar los restos excavados de la fortaleza, convertidos en un espacio de memoria sobre la intolerancia. Es raro y muy sevillano a la vez: arriba, alguien pide un cuarto de gambas; abajo, los muros donde se decidía quién era buen cristiano. Sube ahora el callejón hasta la calle Castilla, una de las vías más antiguas del barrio, y tuerce a la derecha hasta una iglesia blanca con una torre de azulejos.

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