Plaza del Pan: montaditos y pringá
Why is it significant?
Fíjate en las tiendecitas pegadas al muro de la iglesia del Salvador, diminutas, como si la piedra las hubiera dejado crecer a su sombra. Oficialmente estás en la plaza de Jesús de la Pasión, pero ningún sevillano la llama así: para todos es la Plaza del Pan. El nombre es literal.
Key Facts
| Place | Plaza del Pan: montaditos y pringá |
|---|---|
| Address | Plaza de Jesús de la Pasión, 41004 Sevilla, Spain |
| Geo Coordinates | 37.39010, -5.99220 |
| Part of Walk | Sevilla se come: mercados, tornos de convento y tabernas centenarias |
| Generated | Generated |
Fíjate en las tiendecitas pegadas al muro de la iglesia del Salvador, diminutas, como si la piedra las hubiera dejado crecer a su sombra. Oficialmente estás en la plaza de Jesús de la Pasión, pero ningún sevillano la llama así: para todos es la Plaza del Pan.
El nombre es literal. Desde la Edad Media, aquí se vendía el pan que comía la ciudad, y buena parte de él venía de Alcalá de Guadaíra, un pueblo cercano tan famoso por sus hornos que durante siglos se le llamó Alcalá de los Panaderos. Cada madrugada, las bestias cargadas de pan entraban en Sevilla, y aquí se despachaban las hogazas y los bollos que acababan en todas las mesas, ricas y pobres.
Y del pan nace uno de los grandes inventos sevillanos: el montadito. Un panecillo pequeño, abierto y relleno, que se come en dos o tres bocados en la barra. Los hay de lomo, de jamón, de queso, de pringá... y aquí tengo que pararme, porque la pringá merece un monumento. Es lo que queda en la olla del puchero: la carne, el chorizo, la morcilla y el tocino, desmigados y mezclados hasta formar una pasta jugosa que se mete en el pan. Es la cocina de aprovechamiento de las abuelas, y probablemente el bocado más sevillano que existe.
El puchero es plato de invierno, y de él salía todo: primero el caldo, luego los garbanzos y las verduras, y al final la pringá, que en muchas casas se comía al día siguiente. Así que cuando pidas un montadito de pringá, piensa que te estás comiendo un domingo entero de una familia sevillana.
Alrededor se extiende el viejo entramado de calles de mercado: la Alcaicería, donde se vendía la seda, y calles con nombres de oficios que te cuentan lo que se hacía en cada una. Ahora sal hacia el sur, cruza la Plaza de San Francisco, sigue por la avenida de la Constitución y baja hacia el Arenal, hasta una puerta de la vieja muralla que lleva el nombre del aceite.