Calle Sierpes y la Cárcel Real de Cervantes

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Métete en la corriente de gente de la calle Sierpes y camina despacio, que aquí nadie tiene prisa aunque lo parezca. En verano, si tienes suerte, verás los toldos tendidos de lado a lado, y entenderás enseguida por qué esta calle es el pasillo de la casa de todos los sevillanos.

Key Facts

PlaceCalle Sierpes y la Cárcel Real de Cervantes
AddressCalle Sierpes, 41004 Sevilla, Spain
Geo Coordinates37.39050, -5.99440
Part of WalkSevilla de piedra, ladrillo y madera: de la Magdalena a las Setas y la Casa de Pilatos
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Métete en la corriente de gente de la calle Sierpes y camina despacio, que aquí nadie tiene prisa aunque lo parezca. En verano, si tienes suerte, verás los toldos tendidos de lado a lado, y entenderás enseguida por qué esta calle es el pasillo de la casa de todos los sevillanos.

El nombre tiene más versiones que bares la ciudad. Hay quien dice que venía de un mesón con una sierpe pintada en el letrero, y hay quien cuenta una leyenda mucho más sabrosa: una serpiente gigantesca que vivía en las alcantarillas y se comía a los niños, hasta que un preso de la cárcel cercana la mató a cambio de su libertad. Nadie lo sabe a ciencia cierta, y a los sevillanos, francamente, les da igual.

Lo que sí es historia es la cárcel. En el extremo sur de la calle, junto a la Plaza de San Francisco, estaba la Cárcel Real, una de las más temidas de España. En 1597 entró en ella un recaudador de impuestos llamado Miguel de Cervantes, porque el banquero donde había depositado el dinero de la Corona quebró. En el prólogo del Quijote, Cervantes habla de un hijo que se engendró en una cárcel, y la tradición sevillana está convencida de que fue en esta. Una placa en la fachada lo recuerda, y su novela Rinconete y Cortadillo retrata el hampa sevillana que conoció tan de cerca.

Ahora haz lo que casi nadie hace: olvida los escaparates y mira hacia arriba. Sobre las tiendas aparecen balcones de hierro, miradores acristalados, cerámica y fachadas historicistas y regionalistas de finales del siglo diecinueve y principios del veinte. Aquí estaban los cafés, los casinos y los círculos donde la Sevilla bien pasaba la tarde discutiendo de toros, de política y de la vida ajena.

Y en Semana Santa, esta calle se transforma. Las cofradías la recorren en la Carrera Oficial, los pasos rozan casi las fachadas, y en la madrugada del Viernes Santo se puede escuchar el silencio de miles de personas apretadas. Sube Sierpes hasta el final, a la plaza de La Campana, gira a la derecha y sigue por la calle Laraña: busca una iglesia de fachada sobria con aire de colegio.

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