Plaza de la Alfalfa y San Isidoro
Why is it significant?
Llegas a la Plaza de la Alfalfa: pequeña, irregular, rodeada de terrazas y de balcones con macetas, con ese ruido de vasos y conversaciones que en Sevilla nunca termina del todo.
Key Facts
| Place | Plaza de la Alfalfa y San Isidoro |
|---|---|
| Address | Plaza de la Alfalfa, 41004 Sevilla, Spain |
| Geo Coordinates | 37.39030, -5.99080 |
| Part of Walk | Sevilla de piedra, ladrillo y madera: de la Magdalena a las Setas y la Casa de Pilatos |
| Generated | Generated |
Llegas a la Plaza de la Alfalfa: pequeña, irregular, rodeada de terrazas y de balcones con macetas, con ese ruido de vasos y conversaciones que en Sevilla nunca termina del todo. El nombre no engaña: durante siglos, aquí se vendía alfalfa y forraje para las bestias que entraban cada día en la ciudad.
Pero lo que hay debajo es mucho más antiguo. Muchos historiadores creen que por esta zona latía el corazón de la Hispalis romana, el foro donde se cruzaban las calles principales, se hacían negocios y se votaba. Las calles estrechas que salen de la plaza conservan, dicen, algo de aquel trazado, y cada obra que se hace por aquí asoma algún resto romano.
Ahora busca, muy cerca, la calle Cabeza del Rey Don Pedro, porque guarda una de las leyendas más sevillanas que existen. Se cuenta que una noche el rey Pedro I mató a un hombre en un duelo, en estas calles. Una anciana se asomó con un candil y reconoció al asesino por el crujido de sus rodillas, famoso en toda la ciudad. El rey había prometido colgar la cabeza del culpable en el lugar del crimen... y cumplió a su manera, colocando allí un busto suyo. Por eso la calle vecina se llama Candilejo, y el busto del rey sigue en su hornacina.
A pocos pasos se levanta la iglesia de San Isidoro, otra de las parroquias gótico-mudéjares de la ciudad. Lleva el nombre del gran obispo de la Sevilla visigoda, autor de las Etimologías, la enciclopedia que leyó media Europa durante la Edad Media. Dentro guarda una joya: el Tránsito de San Isidoro, pintado por Juan de Roelas en 1613, con el santo moribundo y un cielo abierto lleno de ángeles.
Tómate un momento en la plaza: aquí se mezclan estudiantes, vecinos de toda la vida y algún turista despistado, y todos parecen tener razón. Después camina hacia el oeste por las calles estrechas que salen de la plaza, y en unos minutos desembocarás en una plaza grande frente a una fachada enorme de ladrillo rosado. Es el final del paseo.