Ayuntamiento y Plaza de San Francisco: la cara plateresca

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Date la vuelta y acércate a la esquina del Ayuntamiento que mira a la Plaza de San Francisco. La piedra parece encaje, y si te pegas un poco verás que cada palmo está ocupado por algo: un escudo, una cara, un niño con alas, un monstruo que te saca la lengua.

Key Facts

PlaceAyuntamiento y Plaza de San Francisco: la cara plateresca
AddressPlaza de San Francisco, 41004 Sevilla, Spain
Geo Coordinates37.38850, -5.99400
Part of WalkSevilla de piedra, ladrillo y madera: de la Magdalena a las Setas y la Casa de Pilatos
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Date la vuelta y acércate a la esquina del Ayuntamiento que mira a la Plaza de San Francisco. La piedra parece encaje, y si te pegas un poco verás que cada palmo está ocupado por algo: un escudo, una cara, un niño con alas, un monstruo que te saca la lengua.

Esto es el plateresco, el estilo que imita el trabajo fino de los plateros, y esta es una de sus joyas en Andalucía. Las obras empezaron en 1527 bajo la dirección de Diego de Riaño, y no por casualidad. Un año antes, en 1526, el emperador Carlos V se había casado con Isabel de Portugal en el Real Alcázar, y Sevilla, puerto y puerta de las Indias, quería unas casas consistoriales a la altura de una capital imperial.

Busca entre los relieves a dos personajes que los sevillanos del siglo dieciséis veneraban como fundadores: Hércules y Julio César. La leyenda decía que el héroe griego levantó la ciudad y el romano la amuralló, y una vieja inscripción lo resumía así: Hércules me edificó, Julio César me cercó de muros. Entre ellos corren grutescos, sirenas, tritones y alguna figura con bastante poca ropa para estar en un edificio oficial... el Renacimiento era así.

Durante siglos, esta fue la plaza mayor de Sevilla, el escenario de todo lo importante. Aquí se corrían toros y se celebraban juegos de cañas, aquí se ajusticiaba a los condenados, y aquí se celebraron grandes autos de fe de la Inquisición, como los de 1559 y 1560 contra los protestantes sevillanos, entre ellos varios monjes del monasterio de San Isidoro del Campo. Detrás de esa misma fachada tan alegre, la ciudad miraba arder a sus vecinos.

Hoy la plaza vive de otra manera: en Semana Santa se llena de palcos, porque por aquí pasa la Carrera Oficial de todas las cofradías, y en el Corpus la cruza la custodia de la Catedral. Ahora busca la esquina norte de la plaza: de ahí sale una calle estrecha, comercial y siempre llena, la más famosa de Sevilla. Métete en ella.

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