Centro Cerámica Triana: la antigua fábrica Santa Ana
Why is it significant?
Párate delante de la fachada forrada de azulejos, con sus letras pintadas y sus cenefas de colores: parece un escaparate, y en cierto modo lo fue. Esto era la fábrica de cerámica Santa Ana, y hoy es el Centro Cerámica Triana, el museo donde el barrio cuenta su oficio con sus propias manos.
Key Facts
| Place | Centro Cerámica Triana: la antigua fábrica Santa Ana |
|---|---|
| Address | Calle Callao 16, 41010 Sevilla, Spain |
| Geo Coordinates | 37.38550, -6.00460 |
| Part of Walk | Triana, la otra orilla de Sevilla: flamenco, cerámica y cofradías |
| Generated | Generated |
Párate delante de la fachada forrada de azulejos, con sus letras pintadas y sus cenefas de colores: parece un escaparate, y en cierto modo lo fue. Esto era la fábrica de cerámica Santa Ana, y hoy es el Centro Cerámica Triana, el museo donde el barrio cuenta su oficio con sus propias manos.
Lo mejor está dentro. Se conservan los hornos de la fábrica, unas bocas de ladrillo ennegrecido donde se cocían las piezas a temperaturas altísimas durante horas. Al excavar el solar aparecieron además restos de hornos mucho más antiguos, porque en Triana, si escarbas un poco, siempre encuentras a otro alfarero debajo del anterior. Imagina el calor de aquellas naves en pleno agosto sevillano, con los hornos encendidos y los operarios entrando y saliendo con las piezas en tablas sobre el hombro.
Aquí entiendes cómo cambió el azulejo sevillano. Primero fueron las técnicas heredadas del mundo andalusí, la cuerda seca y la arista, donde los colores se separaban con pequeños relieves para que no se mezclaran. Y hacia 1500 llegó a Sevilla un ceramista italiano, Niculoso Pisano, que empezó a pintar sobre el azulejo plano como quien pinta un cuadro. Aquello fue una revolución: de repente un muro podía contar una historia, con figuras, paisajes y santos.
La gran explosión llegó con la Exposición Iberoamericana de 1929. Sevilla se llenó de edificios regionalistas vestidos de cerámica, y los bancos de las provincias de la Plaza de España, por ejemplo, salieron de talleres trianeros. Durante unos años, media ciudad se fabricó en esta orilla, y los barcos que bajaban por el Guadalquivir llevaban cajas de azulejos trianeros hacia América.
Fíjate bien en los azulejos de la fachada, porque muchos sevillanos pasan por delante sin mirarlos, como quien no mira su propia cocina. Ahora toma la calle San Jorge o la de San Jacinto hacia el sur y busca la calle Pagés del Corro. Vamos a cambiar el sonido del barro por el sonido del martillo... y del cante.