Calle Feria: pescaíto frito y adobo

Why is it significant?

Camina por la calle Feria fijándote en las tiendas a pie de calle: ultramarinos, despachos de pan, mercerías, bares de barrio y alguna freiduría con el mostrador lleno de cartuchos de papel. Esta calle se llama así porque desde la Edad Media aquí se celebraba feria, es decir, mercado.

Key Facts

PlaceCalle Feria: pescaíto frito y adobo
AddressCalle Feria, 41003 Sevilla, Spain
Geo Coordinates37.39640, -5.99120
Part of WalkSevilla se come: mercados, tornos de convento y tabernas centenarias
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Camina por la calle Feria fijándote en las tiendas a pie de calle: ultramarinos, despachos de pan, mercerías, bares de barrio y alguna freiduría con el mostrador lleno de cartuchos de papel. Esta calle se llama así porque desde la Edad Media aquí se celebraba feria, es decir, mercado. Llevas siglos de compra y venta bajo los pies.

Hablemos de una religión sevillana que no sale en procesión: el pescaíto frito. En una freiduría no te sientas a comer: pides por peso, te lo envuelven en un cucurucho de papel de estraza y te lo llevas a casa o a la barra de al lado. El secreto, dicen las abuelas, es la harina de trigo duro, el aceite de oliva bien caliente y no amontonar el pescado en la sartén. Lo que sale es crujiente por fuera y jugoso por dentro, y nunca, jamás, aceitoso.

Aprende los nombres, que aquí se los saben hasta los niños. Las acedías son pequeños lenguados, las pijotas son merluzas chicas que se fríen enroscadas mordiéndose la cola, y los chocos son sepias cortadas en tiras. Y luego está la reina: el cazón en adobo, trozos de pescado que pasan horas marinando en vinagre, ajo, comino, orégano y pimentón antes de freírse. Ese comino, por cierto, tiene un acento que muchos relacionan con la cocina andalusí.

Hay más frituras sevillanas que merecen un aplauso: las pavías de bacalao, rebozadas y doradas, que se comen en barra con una caña. Y en Cuaresma, cuando la ciudad entera huele a incienso, las casas y las pastelerías se llenan de torrijas, pan empapado en leche o en vino, frito y bañado en miel o azúcar. La cocina sevillana siempre ha sabido convertir el pan duro en fiesta.

Al final de la calle verás la iglesia de San Juan de la Palma, de donde sale cada Domingo de Ramos la cofradía de la Amargura. Ese día, en las freidurías del barrio, las colas son casi tan largas como la procesión. Desde allí, gira hacia el sureste y busca la calle Doña María Coronel: vamos a llamar a la puerta de unas monjas.

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