Piazza del Risorgimento: las murallas del papa prisionero
Why is it significant?
Estás en la esquina donde las murallas del Vaticano giran hacia el oeste: un muro altísimo de ladrillo y piedra, con baluartes en punta como la proa de un barco. A este lado de la calle, tráfico, tranvías y bares.
Key Facts
| Place | Piazza del Risorgimento: las murallas del papa prisionero |
|---|---|
| Address | Piazza del Risorgimento, 00192 Roma RM, Italy |
| Geo Coordinates | 41.90610, 12.45780 |
| Part of Walk | El Vaticano y el Borgo de los peregrinos: de Sant'Angelo a San Pedro en Roma |
| Generated | Generated |
Estás en la esquina donde las murallas del Vaticano giran hacia el oeste: un muro altísimo de ladrillo y piedra, con baluartes en punta como la proa de un barco. A este lado de la calle, tráfico, tranvías y bares. Y la plaza donde estás se llama, con toda la ironía de la historia, Piazza del Risorgimento.
Estas murallas no son las de León IV, las del Passetto. Son más modernas, en su mayor parte de los siglos XVI y XVII, cuando los papas, escarmentados por el saco de 1527, decidieron que el Vaticano no volvería a quedar indefenso. Los ingenieros de la época diseñaron baluartes en ángulo, pensados para resistir la artillería, que era entonces la gran amenaza. Mira cómo las aristas apuntan hacia fuera: así ningún tramo de muro quedaba sin cubrir.
El nombre de la plaza recuerda el Risorgimento, el movimiento que unificó Italia en el siglo XIX. Y para unificarla había que quitarle al papa su Estado. El 20 de septiembre de 1870, las tropas italianas abrieron una brecha en la muralla de Roma junto a la Porta Pia y entraron en la ciudad. El papa Pío IX se negó a aceptarlo: se encerró tras estos muros y se declaró prisionero en el Vaticano. Durante casi sesenta años, los papas se negaron a salir.
Hubo incluso un gesto simbólico. La bendición del nuevo papa desde el balcón exterior de San Pedro dejó de darse a la plaza, como protesta, y durante décadas los papas recién elegidos bendijeron hacia el interior de la basílica. Hasta que en 1922 Pío XI volvió a asomarse al balcón exterior, y siete años más tarde firmó los Pactos de Letrán. La plaza con nombre laico y la muralla papal acabaron haciendo las paces.
Ahora sigue la muralla cuesta arriba por Viale Vaticano, con la piedra a tu izquierda. Es muy probable que veas una larga cola de gente pegada al muro: todos esperan para entrar en el mismo lugar al que tú vas. Al final de la subida, la muralla se abre.