Piazza Pio XII: la frontera y la columnata de Bernini

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Detente justo donde la avenida desemboca en la plaza, entre los dos brazos de columnas. En el suelo, de un extremo a otro, corre una franja de travertino blanco, discreta, que pocos turistas notan. Pisa este lado y estás en Italia. Da un paso y estás en otro país.

Key Facts

PlacePiazza Pio XII: la frontera y la columnata de Bernini
AddressPiazza Pio XII, 00193 Roma RM, Italy
Geo Coordinates41.90230, 12.45880
Part of WalkEl Vaticano y el Borgo de los peregrinos: de Sant'Angelo a San Pedro en Roma
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Detente justo donde la avenida desemboca en la plaza, entre los dos brazos de columnas. En el suelo, de un extremo a otro, corre una franja de travertino blanco, discreta, que pocos turistas notan. Pisa este lado y estás en Italia. Da un paso y estás en otro país.

Esa línea nació el 11 de febrero de 1929 con los Pactos de Letrán, que crearon el Estado de la Ciudad del Vaticano: unas cuarenta y cuatro hectáreas, el país más pequeño del mundo. No hay aduana ni control de pasaportes, y por acuerdo con Italia es la policía italiana la que suele vigilar la plaza. Pero la frontera es real. Durante la ocupación alemana de Roma, en 1943, hubo soldados de la Wehrmacht apostados justo al borde de esta línea, sin cruzarla.

Ahora mira los brazos que te rodean. La columnata la diseñó Bernini a partir de 1656 para el papa Alejandro VII: doscientas ochenta y cuatro columnas en cuatro filas y, encima, ciento cuarenta estatuas de santos que vigilan la plaza desde lo alto. Bernini explicó su idea con una imagen: eran los brazos maternos de la Iglesia, abiertos para estrechar a los católicos, reunir a los herejes y mostrar la fe a los que no creían.

Lo que pocos saben es que el abrazo iba a cerrarse. Bernini proyectó un tercer brazo, más corto, más o menos donde estás tú, para cerrar la plaza por este lado. Así el peregrino que llegaba por las calles estrechas del Borgo solo descubriría el gran óvalo al cruzar ese último pórtico, de golpe. Pero Alejandro VII murió en 1667 y el tercer brazo nunca se construyó. Tres siglos después, la Via della Conciliazione abrió de par en par la perspectiva que Bernini quería guardar como sorpresa.

Cruza la línea. Ya estás en el Vaticano. Avanza hacia el centro de la plaza, hacia la aguja de granito que se levanta entre las dos fuentes, y antes de llegar fíjate en el suelo: hay un disco de piedra desde el que vas a ver un pequeño milagro óptico.

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