Obelisco Vaticano: ¡agua a las cuerdas!

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Estás a los pies de una aguja de granito de unos veinticinco metros, sin un solo jeroglífico, apoyada sobre cuatro leones de bronce. A tu alrededor la plaza se abre en un óvalo inmenso, y a cada lado murmura una fuente. Es el centro exacto del escenario. Este obelisco vino de Egipto.

Key Facts

PlaceObelisco Vaticano: ¡agua a las cuerdas!
AddressPiazza San Pietro, 00120 Città del Vaticano
Geo Coordinates41.90220, 12.45730
Part of WalkEl Vaticano y el Borgo de los peregrinos: de Sant'Angelo a San Pedro en Roma
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Estás a los pies de una aguja de granito de unos veinticinco metros, sin un solo jeroglífico, apoyada sobre cuatro leones de bronce. A tu alrededor la plaza se abre en un óvalo inmenso, y a cada lado murmura una fuente. Es el centro exacto del escenario.

Este obelisco vino de Egipto. Lo trajo a Roma el emperador Calígula en un barco gigantesco, construido a propósito, que después se hundió deliberadamente para servir de cimiento al puerto de Ostia. Lo colocó en el circo que tenía en esta colina, el mismo que luego usaría Nerón. La tradición sitúa en ese circo el martirio de San Pedro. Si es así, esta piedra es el último testigo que queda en pie. Y es el único obelisco de Roma que nunca cayó desde la Antigüedad.

Durante quince siglos estuvo junto al flanco de la vieja basílica. En 1586, el papa Sixto V decidió trasladarlo al centro de la plaza y confió la hazaña al arquitecto Domenico Fontana. Hicieron falta unos novecientos hombres, ciento cuarenta caballos y decenas de cabrestantes. El papa exigió silencio absoluto durante la maniobra. Y cuenta la leyenda que, mientras la piedra subía, las cuerdas empezaron a humear y a estirarse. Un marinero de la Liguria, Benedetto Bresca, desobedeció y gritó: ¡agua a las cuerdas! Las mojaron, se tensaron, y el obelisco quedó en pie.

En lugar de castigarlo, dice la historia, el papa lo premió: su familia obtuvo el privilegio de suministrar las palmas del Domingo de Ramos a San Pedro. Durante siglos se creyó, además, que la bola de bronce de la punta guardaba las cenizas de Julio César. Cuando la bajaron, no encontraron ninguna urna, y hoy esa bola se conserva en los Museos Capitolinos. En su lugar, en lo alto, hay una cruz.

Ahora busca entre el obelisco y cada una de las fuentes un disco de piedra con la inscripción centro del colonnato. Ponte encima y mira hacia la columnata: las cuatro filas de columnas se alinean y parecen una sola. Bernini lo calculó así. Después levanta la vista hacia el fondo, donde te espera la fachada de la basílica, y camina hacia ella.

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