Via di Ripetta y el Ortaccio: las cortesanas de Caravaggio
Why is it significant?
Camina por la Via di Ripetta, recta y algo austera, con el Mausoleo de Augusto asomando entre los edificios a tu derecha. Esta calle se abrió a principios del siglo dieciséis, bajo el papa León X, para unir el puerto fluvial de Ripetta con la Piazza del Popolo.
Key Facts
| Place | Via di Ripetta y el Ortaccio: las cortesanas de Caravaggio |
|---|---|
| Address | Via di Ripetta, 00186 Roma RM, Italy |
| Geo Coordinates | 41.90700, 12.47520 |
| Part of Walk | Caravaggio, el pintor maldito de Roma: luces y sombras del Campo Marzio |
| Generated | Generated |
Camina por la Via di Ripetta, recta y algo austera, con el Mausoleo de Augusto asomando entre los edificios a tu derecha. Esta calle se abrió a principios del siglo dieciséis, bajo el papa León X, para unir el puerto fluvial de Ripetta con la Piazza del Popolo. Y en sus alrededores, en tiempos de Caravaggio, latía la zona más canalla de Roma.
En la segunda mitad del siglo dieciséis, los papas quisieron limpiar la ciudad y confinaron a las prostitutas en un recinto cerrado cerca de aquí, entre el mausoleo y el río, que los romanos bautizaron con desprecio el Ortaccio, el huerto feo. Las cortesanas de más categoría, en cambio, vivían en casas propias, recibían a nobles y diplomáticos y se movían por todo el Campo Marzio. Roma era una ciudad con muchos más hombres que mujeres, clérigos, peregrinos y soldados, y el negocio era enorme.
Ese era también el mundo de Caravaggio, y de ahí salieron algunas de sus modelos. Fillide Melandroni, la cortesana de Siena, posó como santa Catalina de Alejandría, con la rueda rota y la espada, en un cuadro que hoy puedes ver en Madrid, en el Museo Thyssen-Bornemisza. Y para muchos estudiosos ella es también la Judit que degüella a Holofernes en el Palazzo Barberini. Una mujer a la que la ley quería encerrar tras un muro, convertida en santa en la galería de un cardenal.
No era un mundo amable. Fillide pasó por los tribunales más de una vez, y en uno de esos procesos se la acusa de atacar con un cuchillo a otra mujer. Las cortesanas vivían entre el lujo y la cárcel, igual que el propio pintor. Caravaggio no las idealizaba ni las juzgaba: las miraba de frente, con la misma luz cruda con la que miraba a los santos.
Sigue por la Via di Ripetta hasta que se abra ante ti una gran plaza ovalada con un obelisco egipcio en el centro, el mismo que adornaba el Circo Máximo, plantado aquí en 1589, cuando Caravaggio era todavía un aprendiz en Milán. Al fondo, junto a la puerta norte de la ciudad, por donde entraban los viajeros que bajaban de Europa, se esconde una iglesia de fachada sencilla. Dentro está el final de nuestra historia.