Palazzo Giustiniani: el banquero que apostó por Caravaggio

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Fíjate en este palacio sobrio, con carabineros en la puerta y la bandera italiana sobre el portal. Hoy es la residencia oficial del presidente del Senado, y en una de sus salas se firmó, el 27 de diciembre de 1947, la Constitución de la República Italiana.

Key Facts

PlacePalazzo Giustiniani: el banquero que apostó por Caravaggio
AddressVia della Dogana Vecchia 29, 00186 Roma RM, Italy
Geo Coordinates41.89920, 12.47530
Part of WalkCaravaggio, el pintor maldito de Roma: luces y sombras del Campo Marzio
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Fíjate en este palacio sobrio, con carabineros en la puerta y la bandera italiana sobre el portal. Hoy es la residencia oficial del presidente del Senado, y en una de sus salas se firmó, el 27 de diciembre de 1947, la Constitución de la República Italiana. Pero cuatrocientos años antes, entre estas paredes, se fraguaba otra revolución: la de un coleccionista que apostó por un pintor sin reputación.

Se llamaba Vincenzo Giustiniani, marqués y banquero de una familia genovesa que había hecho fortuna en la isla de Quíos, en el Egeo. Vivía aquí con su hermano, el cardenal Benedetto, y llenó el palacio de esculturas antiguas y pintura moderna. Llegó a reunir más de una docena de obras de Caravaggio, más que nadie en su tiempo. Y escribía de arte con una inteligencia rara: contaba que el propio Caravaggio le había dicho que le costaba el mismo esfuerzo pintar un buen cuadro de flores que uno de figuras.

Su joya era un cupido desnudo y descarado que se ríe de ti mientras pisa instrumentos musicales, libros y una armadura: el Amor victorioso. Dicen que Giustiniani lo guardaba tras una cortina de seda verde y que solo lo descubría al final de la visita, para que ningún otro cuadro pudiera competir con él. Hoy ese cupido insolente vive en Berlín.

Giustiniani fue también el hombre que rescató un rechazo. Cuando los clérigos de la iglesia de San Luis de los Franceses devolvieron el primer San Mateo de Caravaggio, porque el santo parecía un campesino tosco con los pies casi encima del espectador, fue él quien se quedó con el lienzo, y el pintor tuvo que hacer otro para el altar. Aquel primer San Mateo también acabó en Berlín, y desapareció en 1945, en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial.

Detrás de cada genio maldito hay alguien con dinero dispuesto a arriesgarse. Giustiniani fue uno; el otro vivía a menos de doscientos metros, al otro lado de la manzana. Camina hacia el Corso del Rinascimento: te espera el palacio de un cardenal que acogió a Caravaggio en su propia casa.

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