Rosaleda municipal: los senderos en forma de menorá
Why is it significant?
Asómate a la verja y mira las terrazas que trepan por la ladera: en primavera estallan de color, con más de mil variedades de rosas llegadas de medio mundo. Pero antes de fijarte en las flores, fíjate en los senderos que las separan.
Key Facts
| Place | Rosaleda municipal: los senderos en forma de menorá |
|---|---|
| Address | Via di Valle Murcia 6, 00153 Roma RM, Italy |
| Geo Coordinates | 41.88460, 12.48290 |
| Part of Walk | El ojo de la cerradura y la colina de las ánforas: Aventino y Testaccio en Roma |
| Generated | Generated |
Asómate a la verja y mira las terrazas que trepan por la ladera: en primavera estallan de color, con más de mil variedades de rosas llegadas de medio mundo. Pero antes de fijarte en las flores, fíjate en los senderos que las separan. Vistos desde arriba dibujan una forma muy precisa: un candelabro de siete brazos, una menorá.
No es un capricho de jardinero. Junto a la entrada verás dos lápidas con la forma de las Tablas de la Ley. Desde 1645 esta ladera fue el cementerio de los judíos de Roma. La comunidad, encerrada en el gueto por orden papal durante tres siglos, podía enterrar aquí a sus muertos, fuera de sus muros pero bajo reglas muy duras. Durante largos periodos estuvieron prohibidas incluso las lápidas con nombre: se enterraba a la gente sin poder escribir quién era.
En 1934 el régimen fascista decidió abrir una gran avenida junto al Circo Máximo, y el cementerio estorbaba. Las tumbas se trasladaron al gran camposanto del Verano y la colina quedó pelada. Cuatro años después llegaron las leyes raciales y, en octubre de 1943, la redada en el gueto y las deportaciones: el capítulo más oscuro de la historia de los judíos romanos, la comunidad judía más antigua de Europa.
Después de la guerra, cuando el Ayuntamiento quiso instalar aquí su nueva rosaleda, la comunidad judía aceptó con una condición: que nunca se borrara la memoria de lo que había sido este suelo. Por eso los caminos se trazaron en forma de menorá. Cada año un concurso internacional premia aquí la rosa nueva más bella, y miles de visitantes pasean entre pétalos por los brazos de una lámpara sagrada, casi siempre sin saberlo.
Mucho antes de todo esto, los autores antiguos situaban en estas laderas un templo de Flora, la diosa de las flores. Por casualidad o por destino, las flores han vuelto. Y aunque encuentres la verja cerrada, el dibujo de la menorá sigue ahí, grabado en la colina, todo el año. Ahora sube por la empinada cuesta del Clivo dei Publicii hasta la cima: arriba, de repente, Roma se queda en silencio.