Santa Sabina y el naranjo de Santo Domingo
Why is it significant?
Cruza la verja del jardín, recorre la avenida de naranjos amargos y no te detengas hasta el parapeto. Ahí la tienes: Roma entera al otro lado del río, las cúpulas flotando sobre los tejados y, al fondo, la de San Pedro.
Key Facts
| Place | Santa Sabina y el naranjo de Santo Domingo |
|---|---|
| Address | Piazza Pietro d'Illiria 1, 00153 Roma RM, Italy |
| Geo Coordinates | 41.88460, 12.47970 |
| Part of Walk | El ojo de la cerradura y la colina de las ánforas: Aventino y Testaccio en Roma |
| Generated | Generated |
Cruza la verja del jardín, recorre la avenida de naranjos amargos y no te detengas hasta el parapeto. Ahí la tienes: Roma entera al otro lado del río, las cúpulas flotando sobre los tejados y, al fondo, la de San Pedro. Los romanos lo llaman Giardino degli Aranci, el Jardín de los Naranjos, y es aquí adonde traen a alguien cuando quieren impresionarlo en una primera cita.
Bajo tus pies están los cimientos de una fortaleza medieval de los Savelli, los barones que dominaban esta colina. El jardín, en cambio, es reciente: se trazó en 1932. Pero ¿por qué naranjos? Para entenderlo hay que entrar en la iglesia de al lado, Santa Sabina, levantada en el siglo quinto y conservada casi tal cual, con sus veinticuatro columnas antiguas y una luz suave que entra filtrada por finas láminas de selenita.
Antes de entrar, mira las puertas. Son de madera de ciprés, talladas hacia el año 430, y en uno de sus pequeños paneles aparece una de las representaciones más antiguas que se conservan de la Crucifixión. Los primeros cristianos evitaban mostrar a Cristo en la cruz, la muerte infame reservada a los esclavos. Aquí, por una de las primeras veces, alguien se atrevió.
Y ahora viene la parte española. Hacia 1220 el papa Honorio III entregó esta iglesia a un predicador castellano nacido en Caleruega, en tierras de Burgos: Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, los dominicos. Cuenta la tradición que Domingo trajo de España un naranjo y lo plantó en el claustro, el primer naranjo dulce de Italia, según dicen. Por un agujerito en el muro del pórtico todavía se ve un naranjo creciendo en el mismo lugar, descendiente de aquel, según los frailes.
Dentro, busca sobre una columnita una piedra negra y redonda: la llaman lapis diaboli, la piedra del diablo, que el demonio habría lanzado contra Domingo mientras rezaba... sin acertar. Los dominicos siguen viviendo aquí, y el maestro general de la orden tiene aquí su sede. Además, por tradición, el papa abre la Cuaresma en esta basílica cada Miércoles de Ceniza. Sal y sigue por la tranquila calle hasta el final: allí te espera una puerta verde con un agujero famoso.