Circo Máximo: el estadio de Diocles el hispano

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Párate al borde de este valle alargado de hierba y grava y recórrelo con la vista hasta el fondo, a más de seiscientos metros. A tu izquierda, las ruinas de ladrillo de los palacios imperiales sobre el Palatino; a tu derecha, la ladera verde del Aventino.

Key Facts

PlaceCirco Máximo: el estadio de Diocles el hispano
AddressVia del Circo Massimo, 00186 Roma RM, Italy
Geo Coordinates41.88620, 12.48530
Part of WalkEl ojo de la cerradura y la colina de las ánforas: Aventino y Testaccio en Roma
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Párate al borde de este valle alargado de hierba y grava y recórrelo con la vista hasta el fondo, a más de seiscientos metros. A tu izquierda, las ruinas de ladrillo de los palacios imperiales sobre el Palatino; a tu derecha, la ladera verde del Aventino. En medio no hay nada... y, sin embargo, aquí estuvo el mayor lugar de espectáculos de la Antigüedad.

Esto era el Circo Máximo. Plinio el Viejo habla de doscientos cincuenta mil espectadores; los cálculos modernos, más prudentes, rondan los ciento cincuenta mil. Aun así, más que en cualquier estadio de fútbol del planeta hoy. El emperador seguía las carreras desde su palacio en la colina, y el público, de paso, lo vigilaba a él: aquí se aplaudía y se abucheaba al poder.

Las carreras de cuadrigas eran la verdadera locura de Roma. Los equipos se distinguían por colores, rojos, blancos, verdes y azules, y la afición era para toda la vida: se apostaba, se peleaba y hasta se enterraban tablillas de maldición para que los caballos rivales tropezaran. Y la mayor estrella de todas fue un hispano, Cayo Apuleyo Diocles, nacido en Lusitania, en tierras del actual Portugal. En veinticuatro años de carrera ganó más de mil cuatrocientas carreras y reunió unos treinta y cinco millones de sestercios. Hay quien lo llama el deportista mejor pagado de la historia.

Por el centro de la pista corría una larga barrera, la spina, cubierta de estatuas, altares y dos obeliscos egipcios. Esos obeliscos no desaparecieron: uno preside hoy la Piazza del Popolo y el otro se alza frente a San Juan de Letrán. Si pasas junto a ellos estos días, acuérdate de que un día vieron volcar cuadrigas a toda velocidad.

También fue aquí, en las tiendas de madera del extremo oriental del circo, donde una noche de verano del año 64 empezó el gran incendio que arrasó buena parte de Roma durante días, el que la historia asocia para siempre con Nerón. Las últimas carreras se celebraron hacia el año 549, bajo un rey godo. Hoy el valle solo se llena para conciertos y para celebrar títulos de fútbol. Camina ahora hacia el pie del Aventino, donde un jardín de rosas guarda una historia muy distinta.

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