Le Bateau-Lavoir: El Taller Miserable del Cubismo

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Fíjate en esta pequeña plaza inclinada y arbolada llamada Place Émile-Goudeau, frente al portal del legendario Bateau-Lavoir. A principios del siglo veinte, este edificio no era más que una siniestra fábrica de pianos reconvertida en laberinto de treinta talleres diminutos de madera y zinc.

Key Facts

PlaceLe Bateau-Lavoir: El Taller Miserable del Cubismo
Address13 Place Émile-Goudeau, 75018 Paris
Geo Coordinates48.88600, 2.33770
Part of WalkSecretos Bohemios de Montmartre: Pintores, Cabarets y Molinos
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Fíjate en esta pequeña plaza inclinada y arbolada llamada Place Émile-Goudeau, frente al portal del legendario Bateau-Lavoir. A principios del siglo veinte, este edificio no era más que una siniestra fábrica de pianos reconvertida en laberinto de treinta talleres diminutos de madera y zinc. El poeta Max Jacob lo bautizó con ese nombre porque su estructura endeble y sus pasillos oscuros crujían como las barcazas donde las lavanderas limpiaban sábanas a orillas del Sena.

Imagina las condiciones en que vivían aquí dentro: no había electricidad, solo existía un único grifo de agua potable para todos los inquilinos y un retrete nauseabundo. En invierno el agua se congelaba en los vasos y en verano el calor bajo las chapas de zinc era insoportable. Sin embargo, en la primavera de mil novecientos cuatro, un joven español de veintidós años llamado Pablo Picasso se instaló aquí con sus pinceles.

Fue en una de estas buhardillas donde Picasso pasó el invierno de mil novecientos siete encerrado día y noche, pintando un cuadro monumental que horrorizó a sus amigos: Las señoritas de Aviñón. Cuando Henri Matisse y Georges Braque vieron por primera vez esas figuras angulosas de máscaras africanas, pensaron que el pintor se había vuelto loco; en realidad acababa de parir el cubismo y de romper con quinientos años de perspectiva renacentista.

En este mismo patio celebraron en mil novecientos ocho el legendario banquete al pintor aduanero Henri Rousseau, comprando comida fiada y bebiendo vino garrafón hasta el amanecer. Aunque un pavoroso incendio devoró la estructura original en mil novecientos setenta, el aura revolucionaria de aquellos jóvenes famélicos sigue flotando entre estas acacias centenarias.

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