Iglesia de San Luis en la Isla: la isla inventada

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Detente bajo ese reloj sostenido por un brazo de hierro forjado que asoma sobre la acera, y mira más arriba: un campanario calado como un encaje de metal.

Key Facts

PlaceIglesia de San Luis en la Isla: la isla inventada
Address19 bis Rue Saint-Louis en l'Île, 75004 Paris, France
Geo Coordinates48.85130, 2.35760
Part of WalkNotre-Dame y las dos islas: el corazón medieval de París
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Detente bajo ese reloj sostenido por un brazo de hierro forjado que asoma sobre la acera, y mira más arriba: un campanario calado como un encaje de metal. Es la iglesia de San Luis en la Isla, la parroquia de este pequeño mundo, y su torre es una de las más raras de París: en lugar de piedra maciza, hierro agujereado por el que se ve el cielo.

La iglesia se empezó en 1664 con planos de Louis Le Vau, el mismo arquitecto del Hôtel Lambert, que vivía en esta isla y que también trabajó para Luis XIV en Versalles. Pero el dinero se acababa una y otra vez, y la obra no se completó hasta el siglo dieciocho. Por fuera casi parece una casa más de la calle; por dentro estalla en mármoles, dorados y luz, como un pequeño Versalles de barrio.

Y ahora, lo más sorprendente: hace cuatrocientos años esta isla no existía... al menos, no así. A comienzos del siglo diecisiete había aquí dos islotes de prados, propiedad del cabildo de Notre-Dame: la isla de Notre-Dame y la isla de las Vacas, adonde se llevaba el ganado a pastar. En 1614, un empresario llamado Christophe Marie firmó con el rey un contrato audaz: unir los dos islotes, rodearlos de muelles de piedra, trazar calles rectas y tender un puente. A cambio, podría vender las parcelas. Fue una de las primeras urbanizaciones planificadas de París.

Fíjate en cómo esta calle corre recta de punta a punta, cortada en ángulo recto por las demás: es el trazado del siglo diecisiete, casi intacto. Aquí no pasó Haussmann, no hay estación de metro y apenas hay tráfico, y se cuenta que algunos viejos isleños, cuando cruzaban un puente, decían que iban a París, como si esto fuera otro pueblo.

Esta calma tiene, sin embargo, un enemigo antiguo: el río. En la gran crecida de enero de 1910, el Sena subió más de ocho metros en la escala del puente de Austerlitz, inundó sótanos y muelles de media ciudad, y la isla quedó como un barco a la deriva. Sigue la calle hacia el oeste y, en la esquina de la calle Le Regrattier, gira a la derecha hasta salir al muelle de Borbón.

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