Rue Chanoinesse: el claustro de Eloísa y Abelardo

Why is it significant?

Entra en esta calle estrecha y curva, y deja que el bullicio de la explanada se apague a tu espalda. Rue Chanoinesse, la calle de los canónigos.

Key Facts

PlaceRue Chanoinesse: el claustro de Eloísa y Abelardo
AddressRue Chanoinesse, 75004 Paris, France
Geo Coordinates48.85420, 2.35080
Part of WalkNotre-Dame y las dos islas: el corazón medieval de París
GeneratedGenerated

Open the walk

Entra en esta calle estrecha y curva, y deja que el bullicio de la explanada se apague a tu espalda. Rue Chanoinesse, la calle de los canónigos. En la Edad Media todo esto era el claustro de Notre-Dame, un barrio cerrado con puertas donde vivían los canónigos de la catedral con sus criados, sus libros y sus alumnos.

Por eso aquí empezó, en cierto modo, la universidad de París. Antes de que los maestros cruzaran el río hacia la orilla izquierda, enseñaban en las escuelas del claustro. Y el profesor más brillante, más arrogante y más admirado de comienzos del siglo doce se llamaba Pedro Abelardo. Los estudiantes llegaban de toda Europa para oírle.

Hacia 1117, un canónigo llamado Fulberto, que vivía en este claustro, le confió la educación de su sobrina Eloísa, una joven que, según se decía, leía latín, griego y hebreo, algo excepcional en su tiempo. El maestro se instaló en la casa. Y, como él mismo escribiría años después, en aquellas lecciones hubo más besos que explicaciones. Eloísa quedó embarazada, tuvieron un hijo al que llamaron Astrolabio, y se casaron en secreto.

Fulberto se sintió traicionado y humillado. Una noche, sus hombres entraron en el cuarto de Abelardo y lo castraron. Él se hizo monje y ella monja, y nunca volvieron a vivir juntos. Pero se escribieron, y sus cartas, apasionadas y lúcidas, son una de las grandes historias de amor de Europa. En el cercano muelle de las Flores, una placa recuerda la casa de los amantes, aunque el edificio actual es del siglo diecinueve. Sus restos descansan hoy juntos en el cementerio del Père-Lachaise.

Estas calles guardan también una leyenda mucho más siniestra. Se contaba que en una calleja vecina, hoy desaparecida, un barbero degollaba a sus clientes y un pastelero de al lado vendía, con su carne, unos pasteles famosos en todo París. Es solo una leyenda, claro... aunque tiene siglos. Sigue la calle hacia el este y después busca el jardín que se abre detrás del ábside de la catedral.

Nearby stories