Punto cero y la fachada de Notre-Dame
Why is it significant?
Busca en el suelo, a unos pasos de la puerta central, una losa con una estrella de bronce y una rosa de los vientos: es el Punto cero de las carreteras de Francia.
Key Facts
| Place | Punto cero y la fachada de Notre-Dame |
|---|---|
| Address | Parvis Notre-Dame - Place Jean-Paul II, 75004 Paris, France |
| Geo Coordinates | 48.85340, 2.34880 |
| Part of Walk | Notre-Dame y las dos islas: el corazón medieval de París |
| Generated | Generated |
Busca en el suelo, a unos pasos de la puerta central, una losa con una estrella de bronce y una rosa de los vientos: es el Punto cero de las carreteras de Francia. Desde aquí se miden las distancias entre París y el resto del país... y si ves a alguien pisándola con los ojos cerrados, es que conoce la superstición: quien la pisa, dicen, volverá a París.
Ahora sí, levanta la vista. La fachada de Notre-Dame es un libro abierto en piedra. La catedral se empezó en 1163, y esta fachada fue creciendo durante buena parte del siglo trece. Tres portadas: a la izquierda, la de la Virgen; a la derecha, la de Santa Ana; y en el centro, el Juicio Final, donde el arcángel pesa las almas en una balanza mientras un demonio intenta hacer trampa inclinando el platillo.
Sobre las puertas corre una fila de veintiocho reyes de piedra. Son reyes de Judá, antepasados de Cristo, pero en 1793 los revolucionarios creyeron que eran reyes de Francia y los decapitaron. Las estatuas que ves son copias del siglo diecinueve. Y entonces, en 1977, durante unas obras en el patio de un banco cerca de la Ópera, aparecieron enterradas veintiuna de las cabezas originales. Alguien las había rescatado y escondido casi dos siglos antes, y nadie sabe con certeza quién. Hoy se exponen en el museo de Cluny.
Las torres miden sesenta y nueve metros, y en la del sur vive la campana más grave, Emmanuel, fundida en 1686. Allí arriba, entre gárgolas y quimeras, Victor Hugo colocó a Quasimodo, el campanero jorobado. Hugo publicó su novela en 1831, en parte para defender un edificio que entonces estaba ruinoso y mutilado. En el prólogo cuenta que descubrió, grabada en un rincón oscuro de una de las torres, una palabra griega, ananké, fatalidad, y que de ella nació todo el libro.
El éxito fue tan enorme que el Estado encargó una gran restauración, en la que el arquitecto Viollet-le-Duc trabajó durante unos veinte años y añadió buena parte de las quimeras que hoy parecen medievales. Rodea ahora la catedral por la izquierda y métete en las callejuelas del lado norte: allí sobrevive el viejo barrio de los canónigos.