Memorial de los Mártires de la Deportación
Why is it significant?
Baja por esta escalera estrecha y empinada, tan estrecha que casi te obliga a ir solo. Abajo, un patio de piedra cerrado: el ruido de la ciudad desaparece y solo ves el cielo arriba y, por una abertura con barrotes de hierro afilados, el agua del Sena.
Key Facts
| Place | Memorial de los Mártires de la Deportación |
|---|---|
| Address | Square de l'Île-de-France, 75004 Paris, France |
| Geo Coordinates | 48.85170, 2.35240 |
| Part of Walk | Notre-Dame y las dos islas: el corazón medieval de París |
| Generated | Generated |
Baja por esta escalera estrecha y empinada, tan estrecha que casi te obliga a ir solo. Abajo, un patio de piedra cerrado: el ruido de la ciudad desaparece y solo ves el cielo arriba y, por una abertura con barrotes de hierro afilados, el agua del Sena. Estás en el Memorial de los Mártires de la Deportación.
Lo diseñó el arquitecto Georges-Henri Pingusson y lo inauguró el general De Gaulle en 1962. Recuerda a los deportados desde Francia a los campos nazis: resistentes, judíos, presos políticos. Todo está pensado para que el cuerpo sienta lo que las palabras no alcanzan: el encierro, la estrechez, la imposibilidad de huir. Ves el agua, ves la libertad... pero no puedes llegar a ella.
Dentro de la cripta, un largo pasillo brilla con doscientos mil pequeños bastoncillos de cristal iluminados, uno por cada deportado que, según se calcula, no volvió. En los muros se leen los nombres de los campos de concentración y de exterminio. Y entre ellos hay uno que a cualquier español le encoge el corazón: Mauthausen.
Porque a Mauthausen, en Austria, fueron a parar unos siete mil republicanos españoles. Muchos habían huido a Francia en 1939, al final de la guerra civil; cayeron prisioneros de los alemanes en 1940 y, como el régimen de Franco no quiso saber nada de ellos, acabaron en el campo como apátridas, con un triángulo azul y una S cosida en el uniforme. Cerca de cinco mil no salieron con vida.
A uno de ellos le debemos algunas de las pruebas más terribles del horror nazi. Francesc Boix, un joven fotógrafo de Barcelona, trabajaba en el laboratorio fotográfico del campo y, con la ayuda de otros presos españoles, logró esconder y sacar cientos de negativos de las SS. En 1946 subió al estrado como testigo en el juicio de Núremberg. Sube de nuevo a la luz, respira, y cruza el puente peatonal de San Luis, donde casi siempre toca algún músico. Al otro lado empieza otra isla, silenciosa y aristocrática: gira a la derecha por el muelle de Orléans, con una de las mejores vistas del ábside de Notre-Dame, y síguelo hasta la punta de la isla.