Müller'sches Volksbad: una piscina con alma de palacio

Why is it significant?

Ponte frente a este edificio de piedra clara, con su cúpula, su torre y sus tejados de cobre, justo al final del puente Ludwigsbrücke, y dime qué te parece. ¿Una iglesia barroca? ¿El balneario de un emperador? Pues es una piscina pública.

Key Facts

PlaceMüller'sches Volksbad: una piscina con alma de palacio
AddressRosenheimer Straße 1, 81667 München, Germany
Geo Coordinates48.13230, 11.58840
Part of WalkMúnich verde: el río Isar, los surfistas del Eisbach y el Jardín Inglés
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Ponte frente a este edificio de piedra clara, con su cúpula, su torre y sus tejados de cobre, justo al final del puente Ludwigsbrücke, y dime qué te parece. ¿Una iglesia barroca? ¿El balneario de un emperador? Pues es una piscina pública. El Müller'sches Volksbad abrió sus puertas en 1901, y todavía hoy cualquier vecino de Múnich entra con su toalla bajo el brazo.

El nombre lo explica casi todo. Karl Müller era un ingeniero muniqués que había hecho fortuna, y a finales del siglo XIX donó a la ciudad una suma enorme con un destino muy concreto: un baño para el pueblo. Eso significa Volksbad. Hay que imaginar el Múnich de entonces: la mayoría de las familias obreras no tenía bañera ni ducha en casa, y lavarse a fondo era un lujo semanal, si llegaba.

El arquitecto Carl Hocheder no escatimó en nada. Mezcló el neobarroco con el Jugendstil, la versión alemana del modernismo, y dentro levantó dos grandes naves de natación bajo bóvedas, una más grande para los hombres y otra más pequeña para las mujeres, además de un baño de vapor romano-irlandés con salas de distinto calor. Cuando se inauguró, se decía que era la piscina más grande y más cara del mundo.

El lugar tampoco es casual. Esta orilla del Isar, la de Au y Haidhausen, era entonces un barrio de jornaleros, artesanos y lavanderas, gente humilde que vivía en casitas apiñadas al pie de la ladera, muy lejos de los palacios del otro lado del río. El baño se plantó donde más falta hacía... y con una fachada digna de un rey, como diciendo que la limpieza y la belleza también eran para ellos.

Este paseo va a seguir el agua: el río y sus islas, un arroyo helado donde la gente surfea en plena ciudad y un parque inmenso que, curiosamente, inventó un estadounidense. Baja ahora hacia la orilla y camina río abajo, hacia el norte, con el agua a tu izquierda... la primera isla aparece enseguida, entre dos brazos del Isar.

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