Hofbräuhaus: la cervecería de la corte

Why is it significant?

Entra en el Platzl y escucha antes de mirar: música de metales, jarras que chocan, conversaciones en todos los idiomas del mundo. Delante tienes el Hofbräuhaus, la cervecería más famosa del planeta, con su fachada de ventanas en arco y las letras HB coronadas sobre la puerta.

Key Facts

PlaceHofbräuhaus: la cervecería de la corte
AddressPlatzl 9, 80331 München, Germany
Geo Coordinates48.13760, 11.58000
Part of WalkMúnich de los Wittelsbach: del Stachus a la Residencia y la Feldherrnhalle
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Entra en el Platzl y escucha antes de mirar: música de metales, jarras que chocan, conversaciones en todos los idiomas del mundo. Delante tienes el Hofbräuhaus, la cervecería más famosa del planeta, con su fachada de ventanas en arco y las letras HB coronadas sobre la puerta.

La palabra clave es Hof: corte. En 1589 el duque Guillermo V, el de la Michaelskirche, fundó una cervecería de la corte por una razón muy práctica: la casa ducal importaba cerveza de Einbeck, en el norte de Alemania, y le salía carísima. Mejor fabricarla en casa. Su hijo Maximiliano I fue todavía más listo: se reservó el monopolio de la cerveza de trigo, y durante generaciones aquel privilegio llenó las arcas del Estado bávaro.

Aquella cerveza de Einbeck dejó huella en el idioma. En boca de un bávaro, Einbeck sonaba algo así como ainpock, y de ahí, según la explicación más aceptada, viene la palabra Bock, la cerveza fuerte que todavía se bebe en primavera. Y fue el rey Luis I, ya en el siglo diecinueve, quien abrió la cervecería de la corte a cualquier vecino con sed.

El edificio que ves es de 1897: la fábrica se trasladó al otro lado del río, y aquí quedaron las salas. Su historia no es solo de jarras. El 24 de febrero de 1920, en el gran salón del primer piso, Hitler presentó ante unas dos mil personas el programa del partido que en esos días pasó a llamarse nacionalsocialista. La cervecería, como tantos locales de Múnich, fue escenario de aquellos años, y es justo saberlo mientras uno mira las mesas.

Fíjate, ya dentro, en las taquillas cerradas con candado junto a las mesas: ahí guardan los clientes habituales su propia jarra de piedra, y hay lista de espera para conseguir una. Algunas mesas llevan generaciones reservadas para la misma tertulia. Cuando salgas, toma la Pfisterstraße hacia el oeste. Al final te espera un patio donde, hace setecientos años, vivía un emperador.

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