La casa de té japonesa

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Busca, al otro lado del estanque, una casita de madera de tejado bajo y paneles claros, sobre una pequeña isla rodeada de agua tranquila. Después del ruido de la ola y del peso del Haus der Kunst, este rincón parece otro país... y en cierto modo lo es.

Key Facts

PlaceLa casa de té japonesa
AddressEnglischer Garten, 80538 München, Germany
Geo Coordinates48.14540, 11.58590
Part of WalkMúnich verde: el río Isar, los surfistas del Eisbach y el Jardín Inglés
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Busca, al otro lado del estanque, una casita de madera de tejado bajo y paneles claros, sobre una pequeña isla rodeada de agua tranquila. Después del ruido de la ola y del peso del Haus der Kunst, este rincón parece otro país... y en cierto modo lo es.

Es una casa de té japonesa y llegó a Múnich con los Juegos Olímpicos de 1972. La ciudad quería presentarse al mundo como una Alemania nueva, abierta y alegre, y una escuela de té de Kioto, la Urasenke, ayudó a levantar esta casa siguiendo las reglas tradicionales del arte del té.

La ceremonia del té es casi lo contrario de una cervecería bávara. Todo es lento y medido: cómo se calienta el agua, cómo se bate el té verde en polvo, cómo se gira el cuenco antes de beber para no apoyar los labios en su lado más bonito. Antes del té se sirve un pequeño dulce japonés, para que el amargor del té verde se disfrute mejor. En temporada, algunos días se celebran aquí ceremonias, y los muniqueses se sientan descalzos, en silencio, a pocos metros de los surfistas.

Aquellos Juegos de 1972 querían ser los Juegos alegres, y durante diez días lo fueron. Pero el 5 de septiembre, un comando palestino asaltó el alojamiento del equipo israelí en la Villa Olímpica, y el asalto terminó con once miembros del equipo asesinados, además de un policía alemán. Esta casita es uno de los pocos recuerdos que quedan de la primera parte de aquel verano, la de la esperanza.

Y mira a tu alrededor con otros ojos: el estanque, los puentecillos, las praderas onduladas, los grupos de árboles... nada de esto es natural. Todo fue dibujado a mano, hace más de doscientos años, para parecer campo inglés. Sigue ahora el camino hacia el norte por la gran pradera. Delante, sobre una colina, verás un templete redondo de columnas blancas: sube, la vista lo merece.

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