Hofgarten y el templete de Diana
Why is it significant?
Camina hasta el centro del Hofgarten, donde se cruzan los senderos de grava, y entra bajo la cúpula del pequeño pabellón de arcos: es el templete de Diana.
Key Facts
| Place | Hofgarten y el templete de Diana |
|---|---|
| Address | Hofgartenstraße 1, 80539 München, Germany |
| Geo Coordinates | 48.14290, 11.58000 |
| Part of Walk | Múnich de los Wittelsbach: del Stachus a la Residencia y la Feldherrnhalle |
| Generated | Generated |
Camina hasta el centro del Hofgarten, donde se cruzan los senderos de grava, y entra bajo la cúpula del pequeño pabellón de arcos: es el templete de Diana. Si tienes suerte habrá alguien tocando el violín o el acordeón, porque la acústica bajo esa cúpula es tan buena que los músicos callejeros se disputan el sitio.
Este jardín lo mandó trazar el elector Maximiliano I entre 1613 y 1617, a la italiana: geometría, setos bajos, avenidas rectas. El templete, de 1615, es su centro exacto. En lo alto de la cúpula hay una figura de bronce que todo el mundo llama Diana, pero que en realidad representa a Tellus Bavarica, la tierra bávara, rodeada de los símbolos de la riqueza del país. La original, obra del taller de Hubert Gerhard, está protegida dentro de la Residencia; arriba ves una copia.
Maximiliano I es el personaje que más veces ha aparecido en este paseo, y no por casualidad. Gobernó medio siglo, de 1597 a 1651, encabezó la Liga Católica en la guerra de los Treinta Años y consiguió para su familia, en 1623, la dignidad de príncipe elector. Construyó, coleccionó, ahorró con fama de tacaño y dejó Baviera convertida en una potencia. También vio a los suecos entrar en Múnich en 1632 y llevarse rehenes para cobrar rescate. Este jardín ordenado era su idea de un mundo en paz.
Mira las arcadas que cierran el jardín por el oeste y por el norte: están decoradas con frescos del siglo diecinueve, encargados por Luis I, que narran la historia de la casa Wittelsbach. Al fondo, hacia el este, verás la Cancillería del Estado bávaro, un edificio de vidrio levantado alrededor de la cúpula del antiguo Museo del Ejército, que la guerra había dejado en ruinas.
Siéntate un momento en un banco: oficinistas comiendo, ancianos jugando a la petanca bajo los árboles, el murmullo de la ciudad muy lejos. Cuesta creer que estás a cien metros de una avenida. Cuando quieras, vuelve hacia la puerta de arcos del oeste. Al cruzarla, tendrás enfrente una fachada amarilla con dos torres y una cúpula: la última parada.