Feldherrnhalle: la logia de los generales y el 9 de noviembre de 1923
Why is it significant?
Quédate al pie de la escalinata de la Feldherrnhalle, entre sus dos leones de piedra, y mira hacia el norte: la Ludwigstraße se aleja recta como una regla hasta un arco de triunfo lejano. Detrás de ti, tres arcos enormes abiertos al aire, como un escenario de teatro sin telón.
Key Facts
| Place | Feldherrnhalle: la logia de los generales y el 9 de noviembre de 1923 |
|---|---|
| Address | Odeonsplatz, 80333 München, Germany |
| Geo Coordinates | 48.14170, 11.57730 |
| Part of Walk | Múnich de los Wittelsbach: del Stachus a la Residencia y la Feldherrnhalle |
| Generated | Generated |
Quédate al pie de la escalinata de la Feldherrnhalle, entre sus dos leones de piedra, y mira hacia el norte: la Ludwigstraße se aleja recta como una regla hasta un arco de triunfo lejano. Detrás de ti, tres arcos enormes abiertos al aire, como un escenario de teatro sin telón.
Luis I quería que su capital pareciera Italia, y aquí lo dijo sin disimulo. Encargó a Friedrich von Gärtner una copia de la Loggia dei Lanzi de Florencia, construida entre 1841 y 1844, para honrar al ejército bávaro. Dentro están las estatuas de dos generales: Tilly, el gran jefe católico de la guerra de los Treinta Años, que se había formado en los tercios españoles de Flandes, y Wrede, de las guerras napoleónicas. Un chiste muniqués dice que la logia honra a dos generales, uno que no era bávaro y otro que no era un gran general.
Pero lo que marcó este lugar fue el 9 de noviembre de 1923. Ese día Hitler, Ludendorff y unos dos mil seguidores marcharon desde una cervecería para intentar tomar el poder en Baviera. Aquí, frente a la logia, la Policía del Estado bávaro les cortó el paso. Hubo un tiroteo; murieron cuatro policías y varios golpistas, y el golpe fracasó. Después de 1933, el régimen convirtió la logia en un altar de sus propios muertos: había guardia permanente de las SS y quien pasaba por delante debía hacer el saludo nazi.
Muchos muniqueses preferían dar un rodeo por un callejón que pasa detrás, la Viscardigasse, y la gente lo apodó el callejón de los escaqueados. Hoy una franja de adoquines dorados en el suelo de ese callejón recuerda aquel pequeño gesto de desobediencia, y una placa en la plaza honra a los cuatro policías que murieron defendiendo al Estado frente al golpe.
Antes de irte, compara los dos leones de la escalinata, añadidos en 1906: el que mira hacia la Residencia tiene la boca abierta; el que mira hacia la iglesia, cerrada. Los muniqueses lo explican a su manera: ante el poder se ruge, ante Dios se calla. Ahora cruza la plaza hacia el este y entra por la puerta de arcos en el jardín de la corte.