San Simpliciano: la basílica de san Ambrosio y las palomas de Legnano
Why is it significant?
Entra en esta plaza recogida y mira la fachada de ladrillo, sencilla, con su portal de piedra: a primera vista, una iglesia románica más. Pero los muros que tienes delante esconden algo extraordinario... en buena parte son los del siglo IV.
Key Facts
| Place | San Simpliciano: la basílica de san Ambrosio y las palomas de Legnano |
|---|---|
| Address | Piazza San Simpliciano 7, 20121 Milano MI, Italy |
| Geo Coordinates | 45.47400, 9.18470 |
| Part of Walk | Brera, el barrio del arte de Milán: Mantegna, Hayez y los canales de Marte |
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Entra en esta plaza recogida y mira la fachada de ladrillo, sencilla, con su portal de piedra: a primera vista, una iglesia románica más. Pero los muros que tienes delante esconden algo extraordinario... en buena parte son los del siglo IV.
La fundó san Ambrosio, el gran obispo de Milán, a finales del siglo IV, como una de las basílicas que levantó alrededor de la ciudad romana. Se la conocía como la basílica de las Vírgenes. La terminó su sucesor, Simpliciano, que le dio nombre y está enterrado aquí. Simpliciano fue también el anciano sacerdote que acompañó la conversión de un joven profesor africano de retórica, un tal Agustín, el futuro san Agustín. Y lo asombroso es que los muros paleocristianos siguen en pie, recubiertos y reforzados por los siglos, como un esqueleto dentro de un cuerpo nuevo.
Aquí reposan también tres mártires del valle de Anaunia, en el Trentino: Sisinio, Martirio y Alejandro. Y la leyenda cuenta que el 29 de mayo de 1176, el día de la batalla de Legnano, tres palomas salieron volando de su sepulcro y fueron a posarse sobre el carroccio, el gran carro que llevaba el estandarte de la Liga Lombarda. Aquel día, los milaneses y sus aliados derrotaron al emperador Federico Barbarroja. Verdad o no, la ciudad nunca olvidó a quién debía dar las gracias.
Dentro, levanta la vista hacia el ábside: la Coronación de la Virgen de Bergognone, pintada a principios del siglo XVI. Es un coro de ángeles músicos en azul y oro, con laúdes, arpas y violas, que parece sonar en silencio sobre tu cabeza. En un barrio de pintores, este es uno de sus tesoros menos conocidos.
San Simpliciano casi nunca aparece en las listas de imprescindibles de Milán, y por eso a menudo la tendrás casi para ti. Disfrútala: pocas iglesias del mundo te permiten tocar una pared que ya estaba aquí cuando caía el Imperio romano. Ahora camina hacia el este por las calles del barrio hasta Piazza San Marco, donde te espera una iglesia gótica enorme y un niño prodigio.