Piccolo Teatro Strehler: Arlequín y el último ensayo

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Ahora tienes delante un edificio moderno de ladrillo rojizo, con grandes volúmenes y el nombre del teatro bien visible sobre la plaza. Es la sede principal del Piccolo Teatro di Milano, uno de los teatros más influyentes de Europa, y lleva el nombre del hombre que lo inventó: Giorgio Strehler.

Key Facts

PlacePiccolo Teatro Strehler: Arlequín y el último ensayo
AddressLargo Antonio Greppi 1, 20121 Milano MI, Italy
Geo Coordinates45.47260, 9.18230
Part of WalkBrera, el barrio del arte de Milán: Mantegna, Hayez y los canales de Marte
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Ahora tienes delante un edificio moderno de ladrillo rojizo, con grandes volúmenes y el nombre del teatro bien visible sobre la plaza. Es la sede principal del Piccolo Teatro di Milano, uno de los teatros más influyentes de Europa, y lleva el nombre del hombre que lo inventó: Giorgio Strehler.

La historia empieza en 1947, en un Milán todavía lleno de escombros. Strehler, un joven director nacido en Trieste, y Paolo Grassi, un organizador incansable, convencieron al ayuntamiento de que la ciudad necesitaba un teatro público, un teatro de arte para todos, como un servicio más, igual que el agua o el tranvía. Lo abrieron en un antiguo cine de Via Rovello, cerca del Castello. Era una sala pequeña, y de ahí el nombre: el Piccolo, el pequeño.

Ese mismo año, Strehler montó Arlequín, servidor de dos amos, de Goldoni: un criado hambriento que sirve a dos señores a la vez y hace malabares para que ninguno lo descubra. La obra se convirtió en leyenda. Se ha representado durante décadas en medio mundo, con distintos actores que se pasaban la máscara de Arlequín como quien pasa una antorcha. Ferruccio Soleri la llevó puesta durante tantos años que muchos espectadores ya no distinguían al actor del personaje.

Este edificio nuevo tardó muchísimo en construirse, entre polémicas, presupuestos y obras interminables. Y la historia tiene un final que parece escrito por un dramaturgo. Strehler murió en la Navidad de 1997, mientras preparaba Così fan tutte de Mozart, el espectáculo con el que debía inaugurarse esta sala. El teatro abrió en enero de 1998 con esa ópera... y sin él.

Mozart, por cierto, nos espera más adelante en este paseo, de carne y hueso, con solo catorce años. Antes, sube por Corso Garibaldi hacia el norte y tuerce a la derecha: hay una basílica que mandó construir el mismísimo san Ambrosio, y cuyos muros siguen en pie después de más de mil seiscientos años.

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