Puentes Cáscara: los mosaicos de Daniel Canogar

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Mira estos dos puentes gemelos, bajitos y curvos, que cruzan el río uno junto al otro: desde fuera parecen dos cáscaras de huevo o dos conchas de hormigón posadas sobre el agua. Por eso se les conoce como los puentes Cáscara. Pero lo mejor no se ve desde aquí: hay que entrar y mirar hacia arriba.

Key Facts

PlacePuentes Cáscara: los mosaicos de Daniel Canogar
AddressPuente del Invernadero, Madrid Río, 28045 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.39320, -3.70200
Part of WalkMadrid Río: puentes, garzas y el Matadero a orillas del Manzanares
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Mira estos dos puentes gemelos, bajitos y curvos, que cruzan el río uno junto al otro: desde fuera parecen dos cáscaras de huevo o dos conchas de hormigón posadas sobre el agua. Por eso se les conoce como los puentes Cáscara. Pero lo mejor no se ve desde aquí: hay que entrar y mirar hacia arriba.

Forman parte de Madrid Río y salieron del mismo equipo de paisajistas y arquitectos que diseñó el parque. Uno se llama puente del Matadero y el otro puente del Invernadero, por los dos edificios a los que conducen. Su forma tiene lógica: una bóveda fina de hormigón trabaja como la cáscara de un huevo, delgada y sorprendentemente resistente.

Ahora entra en cualquiera de los dos, avanza hasta la mitad y levanta la cabeza. La bóveda está cubierta de mosaicos del artista madrileño Daniel Canogar: figuras humanas que parecen flotar, nadar o volar sobre ti, como si estuvieras tumbado en el fondo del río mirando a los bañistas desde abajo. Miles de teselas de colores brillan con la luz que entra por los extremos.

Es uno de esos sitios que sorprenden incluso a quienes viven al lado: cruzan el puente a diario mirando al frente, con prisa, y un día alguien les dice que miren al techo. Los niños se tumban en el suelo para verlo mejor, y no es mala idea. Un puente que, en vez de llevarte rápido al otro lado, te invita a pararte en medio.

Fíjate también en el sonido: dentro de la cáscara, tus pasos y tu voz resuenan de otra manera, como en una pequeña capilla. Prueba a hablar bajito. Luego vuelve a la orilla de Arganzuela y busca, a pocos pasos, un gran edificio de hierro y cristal donde, a través de los vidrios, se adivinan palmeras.

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