Matadero Madrid: de las reses a la cultura

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Estás en una plaza rodeada de naves de ladrillo con remates de cerámica, pequeñas torres y viejos rótulos, que parecen a la vez fábrica, estación y castillo mudéjar. Es el antiguo Matadero de Madrid, y hoy es uno de los centros culturales más grandes y vivos de la ciudad.

Key Facts

PlaceMatadero Madrid: de las reses a la cultura
AddressPlaza de Legazpi 8, 28045 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.39150, -3.69770
Part of WalkMadrid Río: puentes, garzas y el Matadero a orillas del Manzanares
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Estás en una plaza rodeada de naves de ladrillo con remates de cerámica, pequeñas torres y viejos rótulos, que parecen a la vez fábrica, estación y castillo mudéjar. Es el antiguo Matadero de Madrid, y hoy es uno de los centros culturales más grandes y vivos de la ciudad.

Lo diseñó el arquitecto municipal Luis Bellido, que empezó a construirlo en 1911 y lo vio funcionar en los años veinte. Era una pequeña ciudad: decenas de naves para el ganado, establos, mercado, oficinas y hasta un depósito de agua con aire de torre. Bellido eligió el estilo neomudéjar, de ladrillo visto y cerámica, el mismo que se usaba en las plazas de toros, para que un edificio tan funcional tuviera dignidad de monumento.

Durante décadas llegaron aquí cada día rebaños y vagones de animales para alimentar a la ciudad, y el barrio de Legazpi vivió al ritmo del matadero. En 1996 cerró definitivamente, y sus naves quedaron vacías y silenciosas. Muchos pensaron que acabarían derribadas. En lugar de eso, en la década de 2000 Madrid empezó a convertirlas en un centro de creación contemporánea.

Hoy aquí hay teatro en las Naves del Español, cine en la Cineteca, una Casa del Lector, exposiciones, talleres de diseño y conciertos. Y los arquitectos que rehabilitaron las naves hicieron algo inteligente: dejaron las cicatrices a la vista. Paredes con su desgaste, viejos rótulos, estructuras de hierro... la memoria del edificio forma parte de la obra, como en el río que acabas de recorrer.

Piensa en todo lo que has visto: un puente de Felipe II del que se burlaban los poetas, una ermita barroca rescatada del ruido, un estadio desaparecido, un río que volvió a ser salvaje, un invernadero donde se pesaba el ganado y, ahora, un matadero lleno de arte. Madrid ha aprendido a mirar su orilla olvidada. Quédate un rato en la plaza, entra en alguna nave... y deja que el paseo termine aquí, entre ladrillo, cultura y río.

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