Palacio de Amboage: el palacete que se salvó de la piqueta

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En la esquina de Juan Bravo con Lagasca se alza un palacete de piedra clara, rodeado de jardín y de una verja de hierro, con balaustradas y una elegancia de inspiración francesa. Hoy es la Embajada de Italia, pero nació como la residencia de una familia de la aristocracia madrileña.

Key Facts

PlacePalacio de Amboage: el palacete que se salvó de la piqueta
AddressCalle de Lagasca 98, 28006 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.43250, -3.68400
Part of WalkMadrid señorial: el barrio de Salamanca y la Castellana, de la Puerta de Alcalá al Museo Lázaro Galdiano
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En la esquina de Juan Bravo con Lagasca se alza un palacete de piedra clara, rodeado de jardín y de una verja de hierro, con balaustradas y una elegancia de inspiración francesa. Hoy es la Embajada de Italia, pero nació como la residencia de una familia de la aristocracia madrileña.

Lo levantó en los años de la Primera Guerra Mundial el arquitecto Joaquín Rojí para el marqués de Amboage. Era la época dorada de los palacetes en esta parte de Madrid: el norte del barrio de Salamanca y la Castellana se llenaron de residencias aisladas con jardín, a la manera de París, donde la vieja nobleza y los nuevos ricos competían en fachadas, escalinatas y salones de baile.

La mayoría de aquellos palacetes no sobrevivió. A partir de los años cincuenta y sesenta, el precio del suelo hizo que muchos fueran derribados para levantar bloques de oficinas y de viviendas. La Castellana perdió así buena parte de su aspecto de bulevar aristocrático, y hoy cuesta imaginar que hubo un tiempo en que se parecía más a un paseo de villas que a una avenida de rascacielos. Los que se salvaron lo hicieron, a menudo, porque los compraron embajadas, bancos o instituciones.

Este es uno de esos supervivientes. Italia lo adquirió poco después de la Guerra Civil para instalar su embajada, y eso lo protegió de la piqueta. Por fuera es una lección de cómo se construía el lujo hace un siglo: piedra labrada, hierro forjado, jardín y verja, todo pensado para ser admirado desde la calle sin dejar ver demasiado de lo que pasaba dentro.

Mira la verja y la bandera tricolor... y piensa que, si este edificio hubiera caído en otras manos, en su lugar habría hoy un bloque de cristal. La conservación, a veces, es cuestión de suerte. Ahora sigue por Juan Bravo hacia el oeste. Cuando llegues a la Castellana, no mires solo al tráfico: mira debajo del puente.

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