Museo de Escultura al Aire Libre de la Castellana: la sirena que nadie quería colgar

Why is it significant?

Bajo el puente de Juan Bravo, justo donde la calle salta por encima del paseo de la Castellana, hay un museo sin puertas.

Key Facts

PlaceMuseo de Escultura al Aire Libre de la Castellana: la sirena que nadie quería colgar
AddressPaseo de la Castellana 40, 28046 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.43300, -3.68740
Part of WalkMadrid señorial: el barrio de Salamanca y la Castellana, de la Puerta de Alcalá al Museo Lázaro Galdiano
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Bajo el puente de Juan Bravo, justo donde la calle salta por encima del paseo de la Castellana, hay un museo sin puertas. Esculturas abstractas de hierro, piedra y hormigón conviven con el rumor del tráfico, y sobre tu cabeza, colgada del puente, flota una enorme pieza de hormigón que parece desafiar la gravedad.

La idea nació a comienzos de los años setenta, cuando se construyó este paso elevado. Los ingenieros José Antonio Fernández Ordóñez y Julio Martínez Calzón, junto al artista Eusebio Sempere, pensaron que el hueco bajo el puente podía ser algo más que un lugar de paso. Pidieron obras a algunos de los mejores escultores españoles del momento, que las cedieron, y en 1972 se inauguró el Museo de Escultura al Aire Libre.

Pero hubo una pieza que no pudo colgarse. La sirena varada, de Eduardo Chillida, un bloque de hormigón de varias toneladas, estaba pensada para quedar suspendida del puente. Las autoridades municipales de entonces se negaron, alegando que era peligroso tenerla colgando sobre peatones y coches. La escultura se quedó años en el suelo, esperando, como su propio nombre indicaba: varada.

No se colgó hasta 1978, ya en plena Transición, cuando el país estaba cambiando a toda velocidad. Desde entonces está ahí, sostenida en el aire, como si una marea invisible la hubiera arrastrado hasta dejarla enganchada en el puente. Es una de las imágenes más poéticas de la Castellana, y la mayoría de quienes pasan por debajo en coche no llega a verla.

Busca también la pieza de Joan Miró y las de Eusebio Sempere: aquí se reúne buena parte de la escultura abstracta española de la segunda mitad del siglo XX, al alcance de cualquiera que camine por la acera. Luego cruza hacia la calle de Serrano y sube hacia el norte. El último palacio del paseo guarda la colección privada más asombrosa de Madrid.

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