Museo Lázaro Galdiano: el palacio de Parque Florido

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Detrás de la verja de la calle de Serrano, en medio de un jardín, se levanta un palacio de aire italiano llamado Parque Florido.

Key Facts

PlaceMuseo Lázaro Galdiano: el palacio de Parque Florido
AddressCalle de Serrano 122, 28006 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.43700, -3.68580
Part of WalkMadrid señorial: el barrio de Salamanca y la Castellana, de la Puerta de Alcalá al Museo Lázaro Galdiano
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Detrás de la verja de la calle de Serrano, en medio de un jardín, se levanta un palacio de aire italiano llamado Parque Florido. Desde fuera parece la residencia de una familia rica más, pero dentro guarda una colección que mezcla a Goya, al Bosco y a El Greco con miles de objetos: joyas, marfiles, esmaltes, abanicos, armas.

Su dueño fue José Lázaro Galdiano, navarro, editor de la revista La España Moderna y coleccionista incansable. En 1903 se casó con Paula Florido, una argentina rica y viuda, y para los dos levantó este palacio, al que puso el nombre de ella. Durante años fue uno de los salones de la alta sociedad madrileña, con fiestas, conciertos e invitados ilustres.

Lázaro compró sin descanso durante más de medio siglo, en subastas y anticuarios de toda Europa. Pasó la Guerra Civil y buena parte de la Segunda Guerra Mundial fuera de España, entre París y Nueva York, sin dejar de comprar. Reunió más de doce mil piezas. Entre las más famosas están El aquelarre de Goya, con el gran macho cabrío rodeado de brujas bajo la luna, y un San Juan Bautista en meditación del Bosco, recostado en un paisaje que parece soñado.

Al morir, en 1947, lo dejó todo al Estado español: el palacio, la colección y su biblioteca. El museo abrió en 1951 y, curiosamente, sigue siendo uno de los grandes desconocidos de Madrid. Hay salas donde puedes quedarte a solas frente a un Goya, algo casi impensable a pocos kilómetros de aquí, en el Prado.

Y así termina este paseo. Empezaste en una iglesia levantada por una viuda en memoria de su marido, y terminas en un palacio que un marido levantó para su mujer. Entre medias has visto puertas reales, palacios de banqueros arruinados, mercados de cocineras, torres colgadas del cielo y una escultura que nadie quería colgar. El barrio de Salamanca y la Castellana son mucho más que escaparates: son el diario en piedra de una ciudad que quiso ser moderna. Quédate un momento en el jardín antes de volver al ruido de Serrano.

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