Templo de Debod: un atardecer egipcio en Madrid
Why is it significant?
Sube a la loma y acércate al estanque: delante de ti, reflejado en el agua, se alza un templo egipcio de piedra dorada, precedido por dos puertas sueltas, como si alguien hubiera trasladado un pedazo de las orillas del Nilo al centro de Madrid. Y eso es, exactamente, lo que pasó.
Key Facts
| Place | Templo de Debod: un atardecer egipcio en Madrid |
|---|---|
| Address | Calle de Ferraz 1, 28008 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.42390, -3.71860 |
| Part of Walk | La Gran Vía de Madrid: cien años de cúpulas, cines y rascacielos |
| Generated | Generated |
Sube a la loma y acércate al estanque: delante de ti, reflejado en el agua, se alza un templo egipcio de piedra dorada, precedido por dos puertas sueltas, como si alguien hubiera trasladado un pedazo de las orillas del Nilo al centro de Madrid. Y eso es, exactamente, lo que pasó.
El templo de Debod se levantó hace unos dos mil doscientos años en la Baja Nubia, al sur de Egipto, por orden de Adijalamani, un rey de Meroe, que lo dedicó a Amón y a Isis; los Ptolomeos lo ampliaron después. En los años sesenta del siglo pasado, la gran presa de Asuán iba a inundar toda la región, y la UNESCO pidió ayuda internacional para salvar los monumentos de Nubia. España colaboró en aquella campaña, y en 1968 Egipto le regaló este templo en agradecimiento.
Llegó desmontado, en cientos de cajas, y se reconstruyó piedra a piedra en lo alto de este parque. Se abrió al público en 1972, con la misma orientación de este a oeste que tenía junto al Nilo. Por eso, al caer la tarde, el sol se pone detrás de la Casa de Campo, frente a sus puertas, y el templo y el agua del estanque se tiñen de naranja. Es uno de los rituales más queridos de Madrid.
Este lugar tiene también una memoria más cercana. Aquí se alzaba el Cuartel de la Montaña, que en julio de 1936, en los primeros días de la Guerra Civil, fue asaltado en unos combates que costaron muchas vidas. El edificio quedó en ruinas y se derribó después de la guerra. Hoy, donde hubo un cuartel, hay un templo de dos milenios y gente sentada en la hierba esperando a que se ponga el sol.
Has recorrido medio siglo de arquitectura en poco más de dos kilómetros: la cúpula parisina del Metrópolis, el rascacielos americano de la Telefónica, las curvas del Capitol, los gigantes de la posguerra... y has terminado ante unas piedras que ya tenían casi dos siglos cuando Augusto se convirtió en el primer emperador de Roma. Asómate al mirador, de cara a la Casa de Campo y a la sierra. Cuando el sol se esconda, la Gran Vía que acabas de recorrer estará encendiendo sus luces a tu espalda.