Torre de Madrid: la jirafa de hormigón

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Desde aquí abajo cuesta abarcarla entera: una lámina clara y estrecha que sube y sube, mucho más esbelta que su vecino, rematada por antenas. Los madrileños la bautizaron enseguida como la jirafa.

Key Facts

PlaceTorre de Madrid: la jirafa de hormigón
AddressPlaza de España 18, 28008 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.42460, -3.71240
Part of WalkLa Gran Vía de Madrid: cien años de cúpulas, cines y rascacielos
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Desde aquí abajo cuesta abarcarla entera: una lámina clara y estrecha que sube y sube, mucho más esbelta que su vecino, rematada por antenas. Los madrileños la bautizaron enseguida como la jirafa. Es la Torre de Madrid, y con sus 142 metros dejó pequeño al Edificio España apenas unos años después de que este se terminara.

La firmaron los mismos hermanos Otamendi, que así se superaban a sí mismos en la misma plaza. Las obras empezaron en 1954 y terminaron en 1960, y su estructura es de hormigón armado, no de acero, algo poco habitual para un rascacielos de esa altura. Durante un tiempo se presentó como el edificio de hormigón más alto del mundo, un título que en la España de entonces sonaba casi a hazaña espacial.

Fue durante décadas el techo de España, hasta que a finales de los años ochenta los nuevos rascacielos del norte de la Castellana empezaron a superarla. Hoy las torres del antiguo recinto de la Ciudad Deportiva del Real Madrid le sacan más de cien metros. Aun así, ninguna tiene su presencia: la Torre de Madrid está en pleno centro, mirando a la sierra, al Palacio Real y a la Casa de Campo.

Si alguna vez contemplas Madrid desde el oeste, desde la Casa de Campo o el Parque del Oeste, fíjate en el horizonte: la cúpula de la Almudena, el Palacio Real... y estas dos torres de la Plaza de España, que son desde hace más de sesenta años la firma de la ciudad. Ningún rascacielos posterior ha conseguido quitarles ese papel.

Hay una ironía en todo esto: los rascacielos de la Gran Vía nacieron para que Madrid se pareciera a Nueva York, y acabaron pareciéndose solo a Madrid. Cada uno es hijo de su década, del optimismo de los años veinte a la autarquía de los cincuenta, y juntos cuentan el siglo mejor que muchos libros. Ahora entra en la plaza, hacia su centro, donde un escritor de piedra mira pasar a sus dos personajes más famosos.

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