Plaza de España: Cervantes, don Quijote y Sancho

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Camina hasta el gran monumento del centro y colócate frente a las dos figuras de bronce: un caballero flaco y altísimo sobre un caballo en los huesos y, a su lado, un hombre bajito y redondo sobre un burro. Don Quijote y Sancho Panza.

Key Facts

PlacePlaza de España: Cervantes, don Quijote y Sancho
AddressPlaza de España, 28008 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.42320, -3.71260
Part of WalkLa Gran Vía de Madrid: cien años de cúpulas, cines y rascacielos
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Camina hasta el gran monumento del centro y colócate frente a las dos figuras de bronce: un caballero flaco y altísimo sobre un caballo en los huesos y, a su lado, un hombre bajito y redondo sobre un burro. Don Quijote y Sancho Panza. Detrás de ellos, sentado en piedra, los contempla su creador, Miguel de Cervantes.

La idea nació para el tercer centenario de la muerte de Cervantes, que se cumplía en 1916. Se convocó un concurso y lo ganaron el arquitecto Rafael Martínez Zapatero y el escultor Lorenzo Coullaut Valera. Pero las obras fueron lentísimas: el monumento se inauguró a medias en 1929 y no se dio por terminado hasta 1957, cuando el hijo del escultor, Federico Coullaut-Valera, completó las figuras que faltaban. Sí, el mismo que puso la Victoria alada sobre el Metrópolis, al principio de la avenida.

Busca a las dos mujeres a los lados del conjunto: en realidad son la misma, vista de dos maneras. Una es Aldonza Lorenzo, la labradora de carne y hueso del Toboso. La otra es Dulcinea, la dama idealizada que don Quijote cree ver en ella. Realidad y fantasía, una frente a otra, como en toda la novela. Y en lo más alto del monumento, un globo terráqueo recuerda que el Quijote se lee en todo el mundo.

La plaza tiene su propia memoria. Aquí se alzaba el cuartel de San Gil, escenario en 1866 de una sublevación de sargentos que terminó con decenas de fusilados, y que fue derribado a comienzos del siglo XX. En su lugar se abrió esta gran explanada, que en 2021 se reformó a fondo: menos coches, más árboles y un paseo peatonal que la une con el entorno del Palacio Real.

Mira por última vez a la pareja de bronce: Sancho, con su sombrero y su panza, parece hablarle a su señor mientras cabalgan, como si siguieran discutiendo después de cuatro siglos. Ahora deja la plaza por su lado oeste, cruza la calle de Ferraz y sube a la colina del parque, donde te espera un templo de más de dos mil años... y la mejor puesta de sol de Madrid.

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