Edificio Carrión: el transatlántico del anuncio de Schweppes
Why is it significant?
Delante de ti, la avenida gira y un edificio la acompaña doblando la esquina como la proa de un transatlántico: bandas horizontales, ventanas corridas, una torre que se eleva por escalones... y, en lo alto, el anuncio luminoso de Schweppes, que lleva décadas parpadeando sobre Callao.
Key Facts
| Place | Edificio Carrión: el transatlántico del anuncio de Schweppes |
|---|---|
| Address | Gran Vía 41, 28013 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.42050, -3.70680 |
| Part of Walk | La Gran Vía de Madrid: cien años de cúpulas, cines y rascacielos |
| Generated | Generated |
Delante de ti, la avenida gira y un edificio la acompaña doblando la esquina como la proa de un transatlántico: bandas horizontales, ventanas corridas, una torre que se eleva por escalones... y, en lo alto, el anuncio luminoso de Schweppes, que lleva décadas parpadeando sobre Callao.
Es el Edificio Carrión, aunque casi todo el mundo lo llama Capitol, por el cine que guarda dentro. Lo levantaron entre 1931 y 1933 los arquitectos Vicente Eced y Luis Martínez-Feduchi, y su modelo no estaba en París sino en Alemania: las curvas dinámicas del expresionismo, los grandes almacenes que Erich Mendelsohn construía por aquellos años. Si el Metrópolis era un caballero con levita, el Carrión es un coche de carreras.
Era un edificio pensado para vivir en el futuro: cine, hotel, apartamentos, cafetería y oficinas, todo en una sola manzana. El solar era triangular y difícil, y los arquitectos convirtieron el problema en el argumento: la esquina curva es la que da al edificio su silueta inconfundible, la que aparece en cualquier foto de la Gran Vía de noche. Las obras empezaron con la Segunda República recién proclamada, y el edificio respira ese optimismo de los primeros años treinta.
El anuncio de Schweppes llegó en los años setenta y, con el tiempo, se ha vuelto parte del paisaje tanto como la piedra. El cine lo ha usado una y otra vez: en El día de la bestia, la película de Álex de la Iglesia de 1995, el desenlace transcurre colgando de ese mismo letrero, sobre el tráfico de la avenida. Pocas ciudades le tienen tanto cariño a un anuncio de tónica.
Un consejo: vuelve por aquí cuando anochezca. Las letras se encienden, la curva del edificio se ilumina y entiendes por qué los fotógrafos de medio mundo plantan aquí su trípode. Ahora sigue por la Gran Vía cuesta abajo, hacia el oeste, por el tercer tramo de la avenida, el último en terminarse. Detente cuando veas, a tu derecha, la marquesina del Teatro Coliseum.