Plaza de Isabel II y Teatro Real: la ópera de la reina

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Delante tienes una de las dos fachadas del Teatro Real; la otra mira de frente al Palacio Real, porque este teatro se pensó desde el principio como el teatro de la reina. En el centro de la plaza, en bronce, está ella: Isabel II. No es casualidad.

Key Facts

PlacePlaza de Isabel II y Teatro Real: la ópera de la reina
AddressPlaza de Isabel II, 28013 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.41810, -3.70950
Part of WalkEl Madrid de los reyes: Ópera, Palacio Real, Sabatini y el Campo del Moro
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Delante tienes una de las dos fachadas del Teatro Real; la otra mira de frente al Palacio Real, porque este teatro se pensó desde el principio como el teatro de la reina. En el centro de la plaza, en bronce, está ella: Isabel II.

No es casualidad. Fue Isabel II quien lo inauguró el 19 de noviembre de 1850, con La favorita de Donizetti. Las obras habían empezado más de treinta años antes, en tiempos de su padre, Fernando VII, y se habían eternizado entre guerras y falta de dinero. Durante el siglo XIX cantaron aquí las grandes voces de Europa, y Madrid se volvió loca por la ópera italiana: había más pasión en el gallinero que en muchos debates del Congreso.

Pero el teatro tenía un enemigo invisible: el agua. Este rincón era el paraje de los Caños del Peral, con una fuente pública, un viejo teatro del mismo nombre y un subsuelo empapado por arroyos y conducciones. En 1925 el edificio tuvo que cerrar por los graves daños en su estructura. Reabrió en 1966 como sala de conciertos, y no volvió a ser teatro de ópera hasta 1997, tras una larga reforma.

Y el agua dejó un regalo inesperado. Bajo tus pies, en la estación de metro de Ópera, se conservan restos de la fuente de los Caños del Peral y del acueducto que la alimentaba, descubiertos durante unas obras y convertidos en un pequeño museo. Durante siglos, de sus caños bebieron los vecinos del barrio y sus aguadores, mucho antes de que existieran teatro, plaza o reina. Pocas estaciones del mundo te ofrecen una fuente del siglo XVI de camino al andén.

Rodea ahora el teatro por el norte y busca una plaza tranquila con un monasterio de fachada severa. Allí guardan una ampolla de sangre que, según la tradición, se vuelve líquida una vez al año.

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