Biblioteca Nacional y Museo Arqueológico: el palacio de la Dama de Elche

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Esta fachada de columnas y escalinata, con estatuas sentadas de sabios como san Isidoro o Alfonso X el Sabio, es la de la Biblioteca Nacional de España. Pero el edificio es tan grande que, por detrás, en la calle de Serrano, tiene otra puerta y otra institución: el Museo Arqueológico Nacional.

Key Facts

PlaceBiblioteca Nacional y Museo Arqueológico: el palacio de la Dama de Elche
AddressCalle de Serrano 13, 28001 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.42360, -3.68940
Part of WalkMadrid señorial: el barrio de Salamanca y la Castellana, de la Puerta de Alcalá al Museo Lázaro Galdiano
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Esta fachada de columnas y escalinata, con estatuas sentadas de sabios como san Isidoro o Alfonso X el Sabio, es la de la Biblioteca Nacional de España. Pero el edificio es tan grande que, por detrás, en la calle de Serrano, tiene otra puerta y otra institución: el Museo Arqueológico Nacional. Es un palacio con dos caras y dos almas.

La primera piedra la puso Isabel II en 1866, y las obras, dirigidas al principio por Francisco Jareño, se alargaron tanto que el palacio no se inauguró hasta 1892, con motivo del cuarto centenario del primer viaje de Colón. Para entonces, la reina que lo había empezado llevaba años en el exilio. Se pensó como un gran templo laico del saber: los libros a un lado, las piedras y los tesoros del pasado al otro.

La Biblioteca es mucho más antigua que su edificio: Felipe V creó en 1711 una Real Biblioteca Pública, y desde hace siglos debe guardarse en ella un ejemplar de lo que se publica en España. Hoy custodia millones de documentos, desde códices medievales hasta comedias autógrafas de Lope de Vega o grabados de Goya. Es, literalmente, la memoria escrita del país.

Y al otro lado, en el museo, te espera una dama misteriosa. La Dama de Elche, un busto íbero de piedra con grandes rodetes a los lados de la cara, apareció en 1897 en La Alcudia, en Elche, y casi enseguida fue vendida al Louvre. Pasó más de cuarenta años en París. Volvió en 1941, fruto de un intercambio entre los gobiernos de España y Francia, y desde 1971 está en este museo. Nadie sabe con certeza a quién representa, ni si era una diosa, una sacerdotisa o una dama noble; tiene un hueco en la espalda que quizá sirvió para guardar cenizas.

El museo guarda además tesoros visigodos, mosaicos romanos y, en el jardín, una reproducción de las pinturas de Altamira, pero la Dama sigue siendo la estrella. Ahora sube unos pasos hacia el norte, hasta la gran plaza donde un navegante genovés vigila el tráfico desde lo alto de una columna.

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