Plaza de Oriente: el caballo de Felipe IV y Galileo
Why is it significant?
En el centro de la plaza de Oriente, entre parterres y estatuas de reyes, se alza Felipe IV a caballo. Fíjate bien en el animal: está encabritado, con las dos patas delanteras en el aire, y todo el peso del bronce descansa sobre las traseras. Hoy parece fácil.
Key Facts
| Place | Plaza de Oriente: el caballo de Felipe IV y Galileo |
|---|---|
| Address | Plaza de Oriente, 28013 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.41830, -3.71270 |
| Part of Walk | El Madrid de los reyes: Ópera, Palacio Real, Sabatini y el Campo del Moro |
| Generated | Generated |
En el centro de la plaza de Oriente, entre parterres y estatuas de reyes, se alza Felipe IV a caballo. Fíjate bien en el animal: está encabritado, con las dos patas delanteras en el aire, y todo el peso del bronce descansa sobre las traseras. Hoy parece fácil. En 1640 era casi un milagro de ingeniería.
La estatua la fundió en Florencia el escultor Pietro Tacca, por encargo del conde-duque de Olivares, que quería regalar al rey un retrato ecuestre como no tenía ningún otro monarca. Para que el escultor supiera cómo era Felipe IV se le envió un retrato pintado por Velázquez. Y para resolver el equilibrio, según se cuenta, Tacca contó con el consejo de Galileo Galilei: hacer maciza la parte trasera del caballo y hueca la delantera. El resultado se considera la primera gran estatua ecuestre del mundo sostenida únicamente sobre las patas traseras.
La estatua estuvo primero en los jardines del palacio del Buen Retiro, y no llegó aquí hasta 1843, cuando Isabel II terminó de dar forma a esta plaza. La plaza misma es hija de José Bonaparte, que derribó un barrio entero de casas y conventos frente al palacio para abrir una gran explanada. No es raro que los madrileños lo llamaran Pepe Plazuelas.
Las estatuas de reyes que rodean los jardines son de la misma serie que viste en Sabatini. Iban a coronar la cornisa del palacio, pero la leyenda dice que la reina Isabel de Farnesio soñó que se le caían encima y que por eso las bajaron. La explicación más prosaica es que pesaban demasiado y que el gusto había cambiado. Tú eliges cuál te quedas.
Ahora ponte de espaldas al Teatro Real y camina hacia el palacio. Bordéalo por la calle de Bailén hasta la verja de la plaza de la Armería, la gran explanada que se abre entre el palacio y la catedral.