Real Monasterio de la Encarnación: la sangre de san Pantaleón
Why is it significant?
Frente a ti, una fachada de piedra lisa, con un frontón y casi ningún adorno: es el estilo austero que los Austrias convirtieron en marca de la casa. Es el Real Monasterio de la Encarnación, y detrás de esa sobriedad se esconde una de las salas más asombrosas de Madrid.
Key Facts
| Place | Real Monasterio de la Encarnación: la sangre de san Pantaleón |
|---|---|
| Address | Plaza de la Encarnación 1, 28013 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.42000, -3.71160 |
| Part of Walk | El Madrid de los reyes: Ópera, Palacio Real, Sabatini y el Campo del Moro |
| Generated | Generated |
Frente a ti, una fachada de piedra lisa, con un frontón y casi ningún adorno: es el estilo austero que los Austrias convirtieron en marca de la casa. Es el Real Monasterio de la Encarnación, y detrás de esa sobriedad se esconde una de las salas más asombrosas de Madrid.
Lo fundó la reina Margarita de Austria, esposa de Felipe III, para las agustinas recoletas. Ella murió en 1611, el mismo año en que se puso la primera piedra, y fue su marido quien terminó la obra: el monasterio se inauguró en 1616. La fachada se atribuye a Juan Gómez de Mora, el arquitecto de la Plaza Mayor, aunque hay quien la da a un fraile carmelita, Alberto de la Madre de Dios. Por dentro el contraste es total: en el siglo XVIII Ventura Rodríguez renovó la iglesia con mármoles, estucos y dorados.
Lo más curioso no se ve. Un pasadizo unía el monasterio con el viejo alcázar, que estaba donde hoy se alza el Palacio Real, para que la familia real pudiera venir a misa sin pisar la calle ni mezclarse con el pueblo. La corte de los Austrias era así: devota, ceremoniosa y muy poco amiga de que la vieran de cerca.
Y luego está el relicario, una sala forrada de vitrinas con cientos de reliquias de santos en urnas, cofres y bustos. La más famosa es una ampolla con sangre de san Pantaleón, un médico mártir de los primeros siglos del cristianismo. Según la tradición, cada 27 de julio, el día de su fiesta, la sangre se vuelve líquida, y la leyenda añade que, si algún año no lo hiciera, anunciaría una desgracia.
Ahora sube unos pasos hacia el norte, hasta la plaza de la Marina Española. Allí te esperan el Senado y el palacio de un hombre al que media España odió y la otra media envidió.